ANDALUCÍA

 

ANDALUCÍA

por Ale Mendé

  El cáliz se levanta en la iglesia de Jaén

  y nadie saborea el vino pasmado

  frente a los barriles de una madera seca,

  el tiempo. La cueva del silencio

  le pone sevillanas a la lengua.

  Me callo, te callo como una fiebre,

  como un fuego ancho, como la copa

  de una granada en el jardín de los olvidos,

  o recuerdo de una república ausente

de manera, mano y resguardo.

Almería cansada de cojines y bordes;

harta del perro andaluz echado en siglo moro,

del perro que te ve andar por la playa de los muertos,

dónde se anticipa el peñón.

Supiste del hierro de los poetas, del ritmo orgásmico

de la palabra, del credo, del fervor rojo,

de la prisión, la vileza y supiste

de la alegría con la que Iberia ata su nudo peninsular.

Sin monumento a la fe descubridora,

con sangre mestiza americana

con vos el canto, con vos el maíz,

con vos la música y tu vestimenta.

Cala cerrada en el pecho transparente,

desnuda, no frágil, para guardar en tus pliegues

la última carta, el último borde, la última orilla

de los últimos almeríos que en las cuevas cocinan

su fiesta. Que yo te ría gitana de las cosas nuevas,

que te abunde la boca con los frutos del mar, porque

martes y jueves a la hora señalada en que las barcas

cierran el ciclo de la pesca y los seres alados,

vibran en su miniatura, serás abeja, duende, mariposa

que de cruel serás sabia y de amor justa, como

gato en el aire y en siete días, te veré saltar del techo

a la promesa. Y yo estaré del otro lado de los mundos;

con la risa profanada de los locos, haciendo sonar tus castañuelas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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