TEXTO CÁLIDO, TEXTO FRÍO...

Cuando un texto, un poema, aparece ante nosotros con fuerza infrecuente, color, textura y hasta evocación de olores lejanos en el tiempo, decimos que tiene temperatura, o que es vibrante o cualquier otro adjetivo que exprese la concentración de elementos de fuerza que lo componen y, generalmente atribuímos esa temperatura, esa fuerza, al uso de adjetivos que refuercen la intención de mostrarlo así.El adjetivo es el eje, el centro expresivo sobre el que gravitan la calidez o la gelidez de un texto. Sin embargo, las temperaturas, los flujos cálidos o fríos, se dan antes que por el uso de adjetivos, por las variables de construcción del texto o poema.

Así, es más expresivo decir : “ Las tardecitas en el pueblo tienen la mansedumbre de las haciendas que pacen a lo lejos” que: “Cuando cae la tarde, el pueblo se ve manso como las vacas a la distancia”.

En realidad estoy diciendo la misma cosa pero construída con otros valores. En la primera frase, hay una atmósfera melancólica, que responde a un ordenamiento del texto que prioriza el uso de la palabra “tardecitas”, un diminutivo amable, de evocación cálida y sostenida, asimismo sucede con la palabra “haciendas” que le da relevancia a los animales que están alejados del sitio del mirante en la evocación.

Contrariamente, en la segunda frase, la tarde “cae” no hay calidez en esa caída, en ese apagarse y “vacas” es menos prestigioso que “haciendas”, tiene menor poder evocativo, es directo, más frío, menos mágico.

Los adjetivos, “mansedumbre” y “manso” no tienen el mayor protagonismo aquí. Dos variables de la temperatura de un texto, vistos a vuelo de pájaro. Hemos dicho lo mismo, ordenado de igual manera.

Veamos los efectos de un ordenamiento diferente.

Las haciendas que pacen, mansamente, a lo lejos, son como el pueblo en las tardecitas” Se centra en lo distante para luego aproximarlo con delicadeza, le otorga una cualidad de cosa íntima, de cálida pertenencia amorosa a ese pueblo objeto esencial del texto. Diferente es decir: “ Manso como las vacas cuando cae la tarde, se ve el pueblo a lo lejos ”. Aquí, se privilegia lo manso y se mantiene al pueblo distante, lejano.

Sutilmente se indica en la primera frase la mansedumbre de las haciendas y la apreciación del pueblo es tierna, con la melancolía de lo distante. En el segundo caso, Lo manso asociado directamente a las vacas cuando cae la tarde, dejan al pueblo en un plano de lejanía no evocativa, apenas referencial. Tienen especial protagonismo además, las acciones. La diferencia no sólo de dónde están ubicadas dentro del texto, sino, lo cálido y aproximativo de “es el pueblo” a: “se ve el pueblo”, mera observación carente de calidez en este contexto.

Las variantes, si bien sutiles, marcan claramente esas mudanzas de temperatura que hacen que un texto, un poema, queden en la memoria o se pierdan entre otros que se han leído o escrito.

Esto es de especial cuidado cuando transitamos la poesía, que además de ser una concentración de sentido, debería ser una concentración de intencionalidad, con el objeto de precisar y objetivar la materia que va a constituir el poema.

 

Hay mucha tela para cortar en estos temas, será materia de otros comentarios, pero esencialmente se trata de reconocer qué orden tendrán en su camino hacia el texto, las palabras que lo constituirán y qué cuidados requerirá la elección de las mismas para que el texto exprese lo más diáfanamente posible, aquello que deseamos.