ESCRITURA

CLASE XXVII. SOBRE EL ROL Y EL PERSONAJE, DE LA DRAMATURGIA A LA NARRATIVA. HORACIO PENINNI

HORACIO PENINNI

IN MEMORIAM

A nuestro querido compañero Horacio Peninni, escritor de novelas, autor de teatro, trabajador incansable en la cultura popular.


El hombre es él y sus circunstancias-Ortega y Gasset

La experiencia recogida en los años de taller teatral fue muy útil para simplificar las consignas y líneas de trabajo en el taller literario. Después de todo, el teatro vivencia historias y pone en imágenes la estética y el entorno; y la narrativa cuenta historias y describe contextos utilizando estéticas particulares. En ambos casos sabemos que se puede comenzar a contar desde la anécdota que contiene el conflicto (qué pasó) o desde el personaje (a quién o a quienes le pasó).

Lo más importante a recordad en el inicio es que ni el teatro ni la narrativa tienen tensión dramática si no hay conflictos. Y García Márquez decía que su peor miedo es a que el lector se duerma.

Para llegar a determinar las diferencias entre rol y personaje los estudiantes de teatro comienzan por ejercicios simples de observación, que terminan en una ronda donde cada quien elige un compañero que cree conocer bien a fondo y responde en nombre de esa persona, sin importar el sexo, edad ni cualquier diferencia formal.

En literatura, comenzamos con el ejercicio en un café o cualquier lugar público donde el alumno pueda hacer su observación detallada del sujeto elegido.

De esta manera vamos creando la “historia anterior al escenario”, es decir las particularidades del personaje que lo llevarán a enfrentar sus conflictos personales, interpersonales o ambientes (sociales).

Tadeusz Kantor dice que el actor muere durante la preparación previa a la asunción del personaje, para renacer como pieza del drama y con esa vida ajena como propia. Antes de comenzar a elaborar el texto, nuestros personajes no viven. Tomarán vida como tales en la trama (tejido, drama) de la narración según esa biografía creada con verosimilitud y lógica literaria.

Diferencia con el Rol

“Estudiá para ser alguien, nene” Una mamá preocupada.

Muy utilizado en cierto teatro, el rol es una función, un trabajo momentáneo, una máscara o títere. Se condice con la fórmula de éxito del cine clase “B” de Hollywood y los niños de escuelas primarias rurales lo definían muy bien cada vez que comenzábamos a proyectarles una película de “héroes”: “Un rubio alto con sombrero, ésta ya la ví”. El rol es lo que la creación humanizada hace en el término del relato y apela a símbolos preestablecidos. Característicos arquetipos evitados por todo actor son: la prostituta, el policía malo, el borracho, el ricachón. No es descalificación de estos trabajos, sino estrechez expresiva, el rol se moverá dentro de cánones rígidos, mientras que el personaje adquiere vida propia, exige, cambia de dirección y parecer, sorprende y estimula a impulso de su propia vida “real” y su riqueza expresiva.

Es característico construir el rol de acuerdo a los requerimientos del desarrollo narrativo y no es nada despreciable su función como personaje secundario.

Según la teoría del “Actante” el rol intervendría como “ayudante” u “oponente” según las necesidades del discurso.

Un ejemplo claro:

Tenemos la anécdota del accidente en la ruta, conflicto primario ambiente-interpersonal y colectivo. La enfermera del asiento número 2 (rol) se desmaya al ver tantos heridos y cadáveres. La señora jubilada del asiento 14 (rol) ayuda a los socorristas. El albañil delgado y apático del asiento 36 (rol) levanta una pesada parte de carrocería para sacar a alguien. El jefe de socorristas experimentado y eficiente (rol) pide a la policía que aparte al la señora y al albañil porque interfieren, y lo hace de muy malas maneras.

Cada uno de nuestros “muñecos” tenía su rol que lo predestinaba a determinada función en los conflictos, cada uno de ellos actuó (de acción, accionar) de acuerdo a su personaje (personalidad) porque tienen historias propias, y esas historias se enlazan para crear conflicto, es decir, tensiones dramáticas.

“…Los sigo con la mirada hasta que entran a sus casas, entonces juego a meterme en sus vidas, imaginar cómo será su día, qué aspecto tienen sus muebles, cómo conversan a la hora de la cena…” Luiggi Pirandello – El Hombre de la flor en la boca.