ESCRITURA

CLASE XXV. EL TALLER CRÍTICO.

ALE MENDÉ

La lectura crítica, es productiva porque interpreta y elabora sobre el texto, una producción propia.

El lector crítico llega a la obra con una interrogación o concepción previa, es decir que, se acerca al texto buscando una respuesta. En el caso particular del taller esa pregunta está dirigida a cómo se realizó el texto. Y, en general, la pregunta previa o hipótesis de lectura, pivotea el texto con un signo de interrogación específico y luego, ajusta la búsqueda poniendo en causa concordancias, recurrencias y diferencias.

Podríamos decir que el lector crítico, aborda el libro, no con la pretensión de seguir su recorrido hasta la sorpresa, sino con la expectativa de ser leído por el texto. Es decir que espera, respuestas parciales desde una mirada oblicua sobre lo que el texto manifiesta en crudo.

De esta manera, el lector crítico provoca al texto haciendo una lectoescritura más sinuosa. Aun así, por más que el autor se esfuerce en genera dificultad al lector crítico, la maestría no alcanza para disminuir el análisis una y otra vez multiplicado por los diversos intérpretes. Imaginemos por un momento un libro con inscripciones al margen realizadas por infinidad de lectores que abordan ese texto, estaríamos frente a un palimpsesto no solamente de pensamientos acerca de lo escrito, sino también poblado de interpretaciones y conclusiones propias de una multitud de lectores. En este sentido la lectura crítica es, sin duda, un factor importante de desarrollo cultural. Cada interprete hace hablar al texto de otra forma y pone en escena la obra, una y otra vez, de esta forma el texto se actualiza, se vuelve vigente, aunque con una visión particular en cada singularidad, contexto y época.

Por otra parte, la lectura crítica, da cuenta de las aristas de la estructura narrativa y toca los bordes de la creación literaria.

El texto resiste hablar de otra manera que no sea la que dispone su estructura y por esta vía el crítico no solamente interpreta, sino que también pone en juego la propia invención.

Es decir que la interpretación no es una forma cerrada, como podría ser la interpretación bíblica en la lectura religiosa, por el contrario, permite un sinfín de intervenciones, inclusive las más expresivas, tal como sucede en el ensayo expresivo.

Reconocer las aristas de la estructura del texto, aclara lo escrito, como si fuera la figura de un puzle terminada, mediante la integración y la reconstrucción de lo que representa. A todo texto le corresponde una estructura, una forma determinada de articulación. Como en las piezas sueltas del rompecabezas el lector crítico tiende a determinar cómo fue armado, en qué contexto, bajo qué condiciones etc.

Por último, hay que reconocer, que la capacidad analítica que se ejercita en la interpretación crítica del texto, influye positivamente en el fortalecimiento de la autonomía psicológica de las personas, ya que su campo de aplicación, si bien en los talleres se enmarca en la literatura, se puede ampliar a la cultura en todas sus expresiones y a la realidad misma.

Abreviando, la lectura crítica es productiva porque en el juego que se da entre la significación del texto y el sistema conceptual del lector, se produce un plus creativo dónde se abre un nuevo discurso. Y para llegar a esa inventiva, el lector no participa de la identificación de roles como en la lectura espontánea, sino más bien, produce un movimiento de la identificación hacia las reglas del juego del texto.

Por eso, cuando planteamos que la escritura es lectura en ejercicio, en realidad estamos hablando de la identificación que todo aspirante al oficio de escritor y también todo lector crítico, tiene con respecto a las reglas. Escribir no es, simplemente relatar. Toda la tradición hace dique a la expansión narrativa, por eso es importante reconocer su presencia.

Las lecturas literarias desde el punto de vista crítico, son una tarea que no se pasa por alto al realizar el taller.

Pretender que el conocimiento es propiedad privativa de algunos, en detrimento de la mayoría, es una idea obsoleta. Vivimos una época en la que difundir y organizar contenidos, es la moneda corriente de un mundo global que tiene nuevas vías de aprendizaje e intercambio. Por lo tanto, los criterios centralistas del conocimiento, dos sistemas de respuesta típicos frente al objeto: para los que “saben”: ¿cómo está hecho?” para los que “no saben”: para qué sirve se puede homologar con la práctica de la de la lectura, la promoción de la lectura y su función en la época que vivimos.

La formación de lectores críticos es en estos tiempos, lo que en otros fue la formación lectora a secas, y no podemos quedarnos tranquilos sin pensar que las nuevas generaciones de lectores latinoamericanos deben tener un “hándicap” mayor o quedarán nuevamente desplazados y vulnerables, en la relación de fuerzas con respecto al conocimiento.

Para comprender más y por qué la identificación a las reglas, es una forma de comprensión e interpretación imprescindible, es bueno aclarar que permite al lector identificar, analizar y reconocer los indicios que el autor va dejando en el texto. Esta mirada oblicua despierta al lector de todo engaño.