ESCRITURA

CLASE II. ESCRITURA Y LECTURA

ALE MENDÉ

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Un hipertexto es un orden de ingreso a obras y autores, determinados por un recorrido de lectura, que tiene correspondencias dentro de una temática específica, en nuestro caso, la literatura.

Los coordinadores de talleres literarios, transmiten literatura, a partir de experiencias y lecturas propias, que exponen, sobre claves y técnicas que han sido efectivas para ellos a la hora de escribir.

Esta tarea u objetivo central del taller, que es la escritura expresiva, no tiene el carácter único de manifestar sentimientos, ilusiones o visiones del autor, tampoco es una copia exacta de la realidad – aún cuando se escriba en forma hiperrealista.

Siempre se escribe para otro o para otros, la escritura deja testimonio de eso que el autor quiso decir, pero también tiene concordancias culturales y de época con el lector cuando reinterpreta el texto. Por lo tanto, la otra cara de esta transmisión de experiencias son las lecturas. Pero cómo leer bien. Ante todo, tenemos que transmitir las maneras en las que cada cual se aboca a la lectura, quitar las barreras que la educación formal impuso como privativa de los claustros, como el placer por la investigación y la búsqueda correlativa de textos, ya sean técnicos, filosóficos o literarios. Cada persona puede desplegar en base a su interés, un recorrido de lectura que será sinuoso y tendrá las vicisitudes de su búsqueda. Viajar con la literatura, nos permite ser protagonistas de nuestra propia Odisea. En esa búsqueda, además, entramos en diálogo con diferentes autores y los convocamos a nuestro mundo de interés. De esta forma los textos se revitalizan, con nuevos interrogantes que responder. La permanencia del interés por la lectura de un autor lo convierte en un clásico, cómo dice Italo Calvino: “Para poder leer los libros clásicos hay que establecer desde dónde se los lee.” [4]

De esta forma, la lectura actualiza las obras y las hace inextinguibles.

No obstante, también, a veces podemos dejarnos sorprender.

Una tarde leyendo a Ovidio, se puede tener la grata sensación de escuchar al autor de ""El arte de amar", como el personaje que bajo la sombra del follaje, tocado por la brisa, se ha sentado a escribir en las tablillas. Leo y puedo sentir esa brisa, puedo sentir la frescura de la sombra de ese árbol en la siesta de Ovidio y caer en la cuenta de los más de dos milenios que me separan de él y celebrar el encuentro con ese hombre que me habla desde tan remotas épocas... No existe, ningún dialogo más extenso y humanista que ese: el diálogo de la literatura.

Es al lector de todos los tiempos a quién, también, le escribo acerca de nuestro tiempo. En el caso del Ovidio, son las tablillas el detonante, que abre esa relación con el pasado. En nuestro caso, al escribir, es la vivacidad del presente lo que la literatura proyecta al futuro. Y son todas las lecturas de quien escribe, las que vitalizan el texto. Porque, cada trabajo literario monta en la pluma del autor las obras de sus autores de preferencia.

Así, escribir con oficio consiste durante la mayor parte del tiempo en liberar sentimientos, lecturas y fijar posiciones con respecto a lo leído.

No es lo mismo leer por mero entretenimiento que comprender cómo se ha escrito este o aquel texto. Nos atenemos a leer una obra sabiendo de antemano que el autor, ha tenido muchas lecturas previas antes de dedicarse de lleno a su texto y ha sabido elegir entre esas obras aquellas que para sí mismo, han sido determinantes. Inclusive en el proceso de la lectura, ha seleccionado aquellos párrafos que le permitieron descubrir más sobre su propio pensamiento y recorrido.

De esta manera, vamos a ver que toda lectura es un recorrido que abre diversos nudos textuales, ya que a veces, una obra nos lleva a leer todas las obras del autor y en otros casos, es el autor el que nos acerca a otros autores. También puede ser, que una temática específica nos remita a lo escrito por diversos autores y que un autor nos incluya en el mundo de interés de determinada temática. En todos los casos, esa forma de elección de lecturas, es lo que llamamos y funciona como lectura hipertextual. Es decir que, de lo que se trata, es de lecturas enlazadas unas con otras por determinado concepto articulador o búsqueda específica.

En este sentido, insisto en decir, que el hipertexto, si bien es un concepto contemporáneo, tiene su inicio en el origen mismo de la literatura. Sin ir más lejos, Italo Calvino en Por qué leer a los Clásicos, dedica un capítulo entero, a desentrañar ¿Cuántas Odiseas hay en la Odisea? Y asume el riesgo de identificar, por ejemplo, que “El relato que el irreconocible Ulises narra al pastor Eumeo, después al rival Antinoo y a la misma Penélope, es otra Odisea, totalmente diferente: las peregrinaciones que han llevado desde Creta hasta allí al personaje ficticio que él dice ser, un relato de naufragios y piratas mucho más verosímil que el relato que él mismo había contado al rey de los feacios. ¿Quién nos dice que no sea esta la «verdadera» Odisea? Pero esta nueva Odisea remite a otra Odisea más: en sus viajes el cretense había encontrado a Ulises: así es como Ulises cuenta de un Ulises que viaja por países por donde la Odisea que se da por «verdadera» no lo hizo pasar.” [5]

Vemos entonces, que es imposible un ingreso absolutamente virgen a la lectura, ya que siempre estarán en juego otros relatos y formas discursivas en relación intertextual. Esto sucede, porque siempre hay uno o varios tramos conceptuales que tienen que ver con lo que el lector va a buscar en la obra.

Al interrogar un texto (g.4) , se pauta otra textura a lo escrito por el autor y al mismo tiempo, se enriquecen y modifican las hipótesis que el mismo lector ha intuido o creado. Este entramado interpretativo (g.5) hace que el texto se vea enriquecido por los mundos referenciales del autor y el lector.

El taller, entonces, es un engranaje intertextual, cuyo acceso nos brinda la posibilidad de formarnos, investigar, evaluar y tener indicadores suficientes, para realizar proyectos tanto literarios como crítico-culturales. En definitiva es un espacio fundamental para la construcción del aprendizaje artístico cultural de todos, más allá del rol que tenga asignado cada uno como coordinador o participante.

El sistema abierto de contenidos no solamente borra las diferencias entre lo académico y lo popular, sino que también invita a la valoración del pensamiento y la expresión conjunta e interactiva entre todos los actores, ya se trate de los coordinadores de taller como de los participantes. De esta forma se entiende, que la formación de los escritores y en forma extensiva de los artistas populares, tiene que ver con un plus de exigencia, dónde además de la calidad importa también la forma en que el autor sigue inmerso en la cultura de su pueblo.El arte popular no es un arte menor, por el contrario es el que mejor expresa o debiera expresar la cultura del pueblo. El arte popular es el arte.

Y, en este sentido la trasmisión de la literatura como por extensión de la cultura, es un espacio de formación permanente, de vital interés en la formación de lectores de libros, textos, imágenes, realidades, contextos.

Abreviando, el taller de escritura es lectura por excelencia, para decirlo con Blanchot, porque “Algo existe allí, algo que el libro presenta al presentarse y a lo cual la lectura anima, restablece, mediante su animación, en la vida de una presencia. Algo que, en su nivel inferior, es la presencia de un contenido o de un significado, después, más arriba, es la presencia de una forma, de un significante o de una operación, y más arriba aún el devenir de un sistema de relaciones que desde el comienzo están allí aunque más no sea como una posibilidad que vendrá. El libro envuelve, desenvuelve el tiempo y conserva ese desenvolverse como la continuidad de una Presencia donde se actualizan presente, pasado y futuro.” [6]

Y escribimos, entonces, para intervenir de manera crítica, nuestra realidad más íntima, valorar aquello que uno tiene para decir, opinar y expresar en igualdad de condiciones y libertades.