ESCRITURA

CLASE XIII. ESCRITURA EXPRESIVA Y PUNTOS DE INFLEXIÓN.

ALE MENDÉ

El ejercicio de la escritura expresiva permite la identificación de nudos y puntos de inflexión de una obra.

Cuando los participantes escriben en el taller, generalmente el coordinador realiza una creación dirigida expresando alguna consigna, supongamos: “escriban un personaje que puedan sostener en el tiempo, del que conozcan lo suficiente como para mantener cierta fluidez en la acción y en los diálogos” En esta consigna, vemos cómo se pueden abordar, por lo menos tres conceptos literarios e inclusive más, digamos : personaje, acción y diálogo.

Es decir, estamos centrando el ejercicio en la relación entre conceptos que van a permitir, una reflexión acerca de cómo se ha escrito el ejercicio que corresponde a esa consigna. En el caso que citamos, a simple vista podemos elegir tres conceptos que se ponen en juego: personaje, acción, diálogo. A partir de los que el autor/participante, no solamente dará forma al texto expresivo, sino también va a experimentar con estos aspectos, mediante los que puede traducir la experiencia.

O sea, si elegimos la construcción de un personaje como consigna y luego agregamos que sosteniendo el mismo personaje se introduzca en el texto el diálogo, la descripción, la acción, estamos determinando que el autor/participante, experimente en su propia escritura los juegos de enlace de diferentes elementos del quehacer literario. Esto crea la dificultad en la práctica del oficio, pero, al mismo tiempo, forma al lector porque hace un pase por las dificultades y las resoluciones de la escritura, que le van a permitir evaluar, oportunamente, no solo el propio texto sino otras narrativas. Inclusive, aquellas narrativas provenientes de otros lenguajes o de otros campos textuales.

A veces, con intervenciones puntuales (consignadas por el coordinador) durante la escritura, se puede cotejar la forma y sentido, la resolución del problema, cómo jugar dificultades, como resolver situaciones o comprender actitudes y conductas, etc.

Por otra parte, cuando se da la lectura grupal de los escritos, se comienza a ejercer una práctica de lectura crítica que se da naturalmente. Tanto en la elaboración propia como en la lectura de los escritos de los otros participantes, se facilita a los miembros de grupo registrar en los otros: cómo se pueden sortear los escollos, anudar y situar puntos de inflexión en el texto, mejorar la calidad de lo escrito.

En el campo grupal del taller, es decir, en el espacio de intercambio literario, se dan momentos de pensamiento sobre la praxis, que para la creación literaria son instantes luminosos y para la escritura crítica, un alimento incomparable de solidez teórica, dónde la lectura se interroga, hasta el punto del acto reflexivo propio y original que pare un nuevo autor.

En esta constante de búsqueda y de acuerdo a las dificultades en la intervención del texto de cada participante, comienza el despegue hacia una investigación más personal. Esto pone en escena la forma en que todos los miembros del grupo pueden ir anexando lecturas individuales y encaminando nuevas perspectiva para su producción subjetiva y crítica.

Así se asimila, paulatinamente, la estructura de un texto: “Las diversas esferas de la actividad humana están todas relacionadas con el uso de la lengua. Por eso está claro que el carácter y las formas de su uso son tan multiformes como las esferas de la actividad humana, lo cual, desde luego, en nada contradice a la unidad nacional de la lengua. El uso de la lengua se lleva a cabo en forma de enunciados (orales y escritos) concretos y singulares que pertenecen a los participantes de una u otra esfera de la praxis humana. Estos enunciados reflejan las condiciones específicas y el objeto de cada una de las esferas no sólo por su contenido (temático) y por su estilo verbal, o sea por la selección de los recursos léxicos, fraseológicos y gramaticales de la lengua, sino, ante todo, por su composición o estructuración”[20]

A medida que avanzamos en el desarrollo de las nociones críticas, también, se va comprendiendo la estructura y el género discursivo. Estos son elementos más generales de análisis pero que de alguna manera, multiplican, extienden y al mismo tiempo condensan la labor de taller.

Mediante la comprensión de textos y el análisis de los géneros discursivos, la trasmisión literaria se amplía y vemos que las herramientas conceptuales y prácticas, que utilizamos, trascienden sus beneficios, que tal como lo hemos señalado, abarcan diversos lenguajes y lecturas, pudiendo además, evaluar contradicciones y correspondencias, dentro del trabajo y reconocer el movimiento, la revuelta que produce una nueva perspectiva. Es decir que en conjunto, hemos hecho el intercambio necesario para estar en condiciones de comprender la narrativa de los procesos humanos, ya no restringidos al campo específico de la literatura en forma exclusiva, sino del reconocimiento de los procesos de narración como apertura a la comprensión de cualquier lenguaje y discurso, que se quiera o se necesite abordar. Porque estamos inmersos en la actividad humana y la palabra es, como hemos visto en Bajtín, determinante, múltiple, diversa pero esencial.