ESCRITURA

CLASE XII. EL EJERCICIO DE ESCRITURA EXPRESIVA.

ALE MENDÉ

La práctica de la escritura expresiva, contribuye a agudizar la lectura crítica, porque pone en escena cuestiones afines a la estructura del texto.

Cuando los coordinadores de taller sugieren una frase poética o una cita como disparador, en realidad, se está invitando al grupo a concebir una idea previa a la que atenerse en la construcción general de un texto. Las consignas de trabajo, acercan al participante a diversas aristas, que se refieren a la posibilidad de concebir una estructura (g.11) determinada. Es decir que desde el comienzo se pone de manifiesto un plan de trabajo.

Hemos optado por trabajar durante tres meses la construcción de un personaje, además de las indicaciones específicas y las lecturas correspondientes, habrá un lema poético que va a funcionar de frase muda durante el proceso. Todo el ejercicio de escritura durante ese tiempo, debe bordear esa frase muda nunca expresa. Con este condicionamiento, se configura algo del orden de lo que es estructural en un texto. Esto permite intensificar la experiencia de oficio en el tratamiento de determinada intención y al mismo tiempo, pone en juego la visión (g.12) del texto desde el borde. Es decir: esta frase muda ajusta la escritura y se traspone a la lectura, en la medida en que a la hora de analizar los textos, la cuestión no es solamente de gusto sino también de acercamiento o no, al planteo estructural. (Recordemos que estas intervenciones y consignas, se proponen expresamente como ejercicios para ir ganando oficio y no como piezas de creación personal ya que sino se vuelven inhibitorias).

Por otra parte, y más allá de la producción literaria, esperamos que la práctica se resuelva en una lectura y posterior escritura crítica de los demás participantes. Los ejercicios en realidad, son la práctica de trabajar sobre la estructura y características en el texto propio y de lo que los otros participantes ven en el texto. De esta forma, se habilita a cada miembro del grupo a pesquisar en la teoría, lo que da cuenta de su propia experiencia.

Hasta el momento hemos insistido en fijar nuestra atención en el taller literario como la vía regia para la promoción de la lectura y específicamente, para el desarrollo de una lectura crítica. Ahora, veremos por qué.

En el taller de escritura, se critican los textos de autores conocidos. Se habla de la forma con la que tal o cual cuento, narración, ensayo, personaje, etc., utilizó el autor. Vale decir que en principio y antes que escritores, el taller es un espacio de lectores, lectores que en la discusión quedan advertidos de la posibilidad de identificarse a las reglas del juego literario.

Desde el principio, el taller responde a esa pregunta básica acerca de ¿cuáles son las reglas del juego que vamos a jugar?
El juego no es de la escritura sino la literatura. ¡Ese es el juego! Y la literatura es por esencia y premisa de elaboración LECTURA, sobre todo, mucha LECTURA. Esto es lo esencial, para que exista una verdadera cocina literaria: leer y criticar.
Para que podamos avanzar en cualquier escritura, para que cualquier texto corra como un río, entre nuestros sentimientos, nuestra reflexión, nuestras manos, es imprescindible estar empapados de esas lecturas.

Es cierto que en una primera instancia puede suceder que el participante considere haber leído lo suficiente, eso no justifica la inhibición, seguramente ha hecho múltiples lecturas sobre su propia vida. Sin embargo, esta lectura vital no es suficiente y en ese marco, en la corrección, la posición del coordinador debe ser severa, sin temores, porque hay que trabajar sobre los lugares comunes, o sea aquellos dichos que se escriben a boca de jarro y forman parte de un concierto de repeticiones vacuas que lejos de realzar el texto, lo hacen poco original y aburrido.

El arte popular no es chapucería, es ARTE MAYOR. El arte surgido del pueblo hace a los clásicos y por lo tanto es arte en su más puro sentido. Muchas veces se propone “la libre expresión” como método de transmisión en los ámbitos populares. La libre expresión es, a mi entender, el derecho a la creatividad que tienen los pueblos, las personas de toda condición. Por eso, la libertad de expresión debe estar siempre acompañada de ese fuerte sentido de rigor que tienen las disciplinas artísticas, en la búsqueda de la mejor forma de expresarse. ¿Cómo puede ser libre un artista que no domina su instrumento?

Cuando se reconoce la estructura de un texto, cuando se trabaja sobre los escritos, se abren nuevos sentidos, se actualizan las palabras, se libera a los artistas y se privilegia el arte popular.

La advertencia, sobre la necesidad del trabajo crítico, tanto como la disciplina a la hora de imaginar y producir son fundamentales.

Por eso al abordar y reconocer la estructura de un texto, se le quita inocencia a la primer lectura, lo mismo a la escritura en progreso; en definitiva, echa por tierra toda visión inocente que cada uno trae de la realidad. A cambio de perder esta inocencia, cada uno adquiere herramientas para determinar, cuan sólido o no es un texto, cualquiera sea la obra que se trate, aún si fueran narraciones o puestas de otros lenguajes artísticos, por fuera de la literatura.

El grupo literario, entonces, determina e incide en la adquisición y multiplicación de elementos para la formación de una consciencia crítica y al mismo tiempo potencia una valoración ética y estética, estableciendo acuerdos de conjunto y diversidad personal.