ESCRITURA

CLASE I. LITERATURA EN LA RED.

ALE MENDÉ

“Con los objetos intelectuales, nosotros hacemos a la vez teoría, combate crítico y placer”
Roland Barthes- “Roland Barthes por Roland Barthes”

El hipertexto no nace con las nuevas tecnologías, por el contrario, es la forma más antigua de ordenar e ingresar a la lectura de textos.

La realidad es un hipertexto. Lo que nos rodea es legible. Ya sea que tomemos lo que tenemos más cerca, algo que nos es familiar, un tema de nuestro interés, o una elección al azar. Se trate del discurso que se trate (cine, arte, publicidad, ciencia), el ejercicio de su lectura puede ser espontáneo y dejarse llevar por el relato; o bien, poner interés en la forma, es decir, en cómo fueron ensamblados los componentes de ese relato.

Siempre estamos dispuestos y expuestos a la lectura, porque estamos inmersos en un mundo de símbolos que interpretamos y que nos interpretan.

Estamos rodeados de lenguajes y toda actividad humana es lenguaje. Por lo tanto, somos intérpretes, intervenimos en los textos, los clarificamos, dialogamos con ellos, los hacemos callar, encendemos su historia, los pasamos por alto o los construimos. Así de diversa es la realidad en la que vivimos y nuestras formas de responder.

Cuando hablamos de calidad y equidad en la información de los ciudadanos, sabemos que solo es posible cuando están dadas las herramientas necesarias en la formación de intérpretes creativos. Y, es entonces, fundamental, beneficiar la inclusión de sectores de la población excluida en el acceso libre a múltiples saberes, para que todos puedan realizarse en el ejercicio del campo cultural, social y político.

Desde esta previsión, la promoción de la lectura y la función bibliotecaria, tiene que ver con la orientación y la formación de lectores. En tanto los talleres de arte y literatura, apuntan a la adquisición de lecturas y formación crítica apuntando al mejoramiento de la calidad en los procesos de lectura.

En este sentido, privilegiamos la labor de los talleres literarios como espacio vital de reflexión, práctica e interpretación.

Entendemos que la expresión literaria abarca mucho más de lo que llamaríamos un texto de imaginación. La literatura tiene que ser creíble para el lector y en tanto la sociedad se ha ido complejizando, las expresiones literarias y artísticas también lo han hecho. Hoy es imposible pensar un texto literario ajeno a todas las inquietudes que la tecnología, ha despertado en las personas.Tanto en sus aspectos positivos como negativos, el presente nos invita a desarrollar la escritura con nuevas formas y respuestas. Sin embargo, esta polifonía que hoy nos deslumbra, tiene sus orígenes en los inicios remotos de la civilización.

La vida de una comunidad es intervenida de diversas formas y la respuesta de cada uno como sujeto en cada reflexión, idea, creación, es intervención humana, política y social que con sus variantes, participa de la construcción de una polifonía g1 del espacio cultural de pertenencia.

La acción cultural, entonces, construye su andamiaje y se realiza tratando lo humano, lo político y lo social. ¿Por qué? porque el trabajador de cultura y específicamente el escritor, se ve interpelado por su época, experiencia y tradición, como por lo actual; condiciones que generan la marca indeleble de su obra y lo proyectan.

Desde el taller literario intervenimos la realidad, porque la palabra es un privilegio del lazo social: escribimos para otros y los libros no están para ser leídos sino para dejarnos leer por ellos, es decir que toda literatura - ya sea científica o expresiva - está ahí y es un hipertexto (g.2) de magnitud infinita.

Hay que entender que leer, es construir un discurso personal que en cada momento y contexto, hace destellos vitales para nosotros y para nuestra comunidad.

No hay libro ni texto que sea privativo de unos pocos. Ningún especialista nació siendo tal y ninguna universidad por sistemática que sea, forma alumnos que no dediquen gran parte de su tiempo a la lectura. Es decir que leer, como ejercicio de análisis y conocimiento, es la acción formativa por excelencia y por lo tanto no es privativa de unos pocos, sino un derecho de todos.
Leer no es un simple entretenimiento, ni acumulación de conocimientos, eso nos pondría en una posición ingenua. La lectura es un ejercicio de reflexión. Somos lo que hemos hecho, nos hemos convertido en lo que somos por cada decisión que hemos tomado en nuestra vida, por lo que hicimos cada vez y la experiencia de ese hacer tiene un alto valor cognitivo. La experiencia y la práctica, son elementos indispensables del conocimiento y por lo tanto también, del conocimiento literario.

En la conjunción reflexiva de ida y vuelta entre vivencia, lectura y discurso, se encuentra la originalidad que cada uno de nosotros tiene como creador del mundo, y del poder hacer en la porción de realidad en la que nos toca vivir. Esta acción creativa, hoy como nunca antes, es una expresión de poder.

Gracias a la capacidad de comunicación, no hay nada más democrático que el poder, sobre todo si lo reconocemos y lo hacemos funcionar, más aun a partir del momento en que la comunicación se ha hecho tan inmediata. La difusión se multiplica y la transformación de la pequeña porción de nuestra realidad, influye y gravita en todos.Esto dicho en términos generales, tiene en el campo específico de la lectura un desarrollo importante, fundamentalmente porque la tecnología ha influido fuertemente en la forma de acceso a la literatura y la lectura, como en la participación activa de escritores y lectores en internet. Hoy, cualquier relato está inmerso entre miles de relatos en la red. Ahí, múltiples lecturas y escrituras relacionadas unas a otras, algunas expresivas, otras críticas, todas ellas, inciden de alguna forma en la realidad social y cultural.

Los recorridos textuales subjetivos, de lecturas, encuentros y discursos, permiten que en las bibliotecas virtuales, exista una larga lista de autodidactas, lectores eclécticos y constructores independientes del saber. Estos lectores de siempre, cuentan hoy con mayor acceso y libertad, en una experiencia infinitamente enriquecedora. La buena lectura, entonces, hoy está potenciada. Tal como lo describe Harold Bloom hoy como ayer se entiende que, “No hay una sola manera de leer bien, aunque hay una razón primordial por la cual debemos leer. A la información tenemos acceso ilimitado; ¿dónde encontraremos la sabiduría? Si uno es afortunado se topará con un profesor particular que lo ayude; pero al cabo está solo y debe seguir adelante sin más mediaciones. Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, porque, al menos en mi experiencia, es el placer más curativo. Lo devuelve a uno a la otredad, sea la de uno mismo, la de los amigos o la de quienes pueden llegar a serlo. La lectura imaginativa es encuentro con lo otro, y por eso alivia la soledad.”[1]

Así como leer e interpretar la realidad e intervenir en ella, puede ser una forma intensa de vivir en sociedad, también sabemos que la realidad y la información sin interpretación es una posición bancaria 2], dónde nos transformamos en tablas rasas de la manipulación informativa. Si esto lo traspolamos a la masa de información de este monstruo hipertextual que es internet, estamos en riesgo de paralizar nuestra acción interpretativa, por eso es importante dilucidar nuestras búsquedas y determinar una utilización acorde a nuestros intereses vitales.

Tal vez el ejemplo más cercano a esta búsqueda, es la del Megafón de Marechal, un personaje de pertenencia, por ser causa del paso del autor por la biblioteca popular Alberdi de Villa Crespo: “llevado por mis inquietudes pedagógicas, traté de canalizar las lecturas de Megafón que se deslizaban como un río sin márgenes. Pero mis intentos resultaron inútiles: Megafón usaba un método bárbaro que consistía en buscar sólo aquellas nociones que sirviesen a su problemática interna. Y aquel método, aplicado más tarde a las instancias de una vida en laberinto y pelea, lo convirtió al fin en el Autodidacto de Villa Crespo, uno de los nombres con que se lo recuerda y que le impuse yo mismo en su hora.”[3]

Todos sabemos de la capacidad nociva, por ejemplo, que tiene un noticiero frente al espectador que no cuenta con toda la información, acerca de cuáles son los condicionamientos y múltiples factores que hacen que un día un hecho se convierta en noticia y otro pase desapercibido. Hablamos de la información/comunicación, porque los medios masivos de comunicación, aparecen en varios libros y artículos, que tratan el tema de la lectura o del porvenir de la literatura y consideran que los medios son la gran contraparte al hábito de leer. Ante esto, hay que entender que la lectura se escapó -hace rato- del corsé de la literatura y el libro. Este no es un dato menor a la hora de pensar en literatura, aunque suene paradójico. En este sentido hay que considerar tanto los medios televisivos como informáticos como un bien de difusión social y cultural, cuyo mal uso es la manipulación que nos perjudica como ciudadanos. Habria que pensar, en tener medios sociales educativos y culturales en su más plena y solidaria razón de ser, pero ese es un tema tangencial al que nos ocupa, pero central en nuestro quehacer.

Volviendo a los talleres literarios, uno de los grandes desafíos que tenemos cuando comenzamos a coordinar un taller es la primer lectura -¿intertextual? (g3) -que hacemos al acercamos a la diversidad de intereses, relatos, aspiraciones de los participantes. Una buena caracterización de todos estos rasgos, es lo que va a facilitar nuestra tarea en la distribución de materiales y clínica de textos.
El paso siguiente, será enfocarnos en nuestro propio mundo textual. ¿Cómo nuestras lecturas servirán a uno u otro?
Advertimos estos inicios, pero sabemos que las primeras respuestas aparecerán ferazmente en los primeros ejercicios escritos y en la forma en que esos escritos, comiencen a vincularse con otros textos y con la propia crítica.