CREACIÓN LITERARIA Y POLÍTICA

Susana Lang

Coordinadora del Taller de la Palabra. De la Biblioteca Pública de De La Garma, Prov.de Buenos Aires.

La sujeción de la palabra: Ideas no tan sueltas

La palabra emerge en el sujeto como creadora de nuevas realidades, en tanto se sirve de ella para crear su universo simbólico. Al principio, fue suficiente con “nominar” los objetos de la vida cotidiana. Pero el hombre es curioso y las palabras comenzaron a atravesarle el cuerpo. Y el capital simbólico creció junto con el universo discursivo que dio los porqué, que elaboró teorías, que consagró textos sagrados…Todo se expandía, se multiplicaba, hacía “rizoma” en la cultura y el espacio del arte surgió como el lugar donde todo era posible, donde las palabras definitivamente no estaban “cosificadas” ni “confiscadas”, sino que eran libres para arrancarle (o proponerle) una nueva mirada a la humanidad.

Pero además, las palabras nos identifican, desvisten nuestra singularidad –muchas veces, más allá de nuestras intenciones-,“dicen” sobre nosotros, nos hacen, nos llenan; también nos desengañan, nos tientan, nos ofenden, nos debilitan. ¡Cuántos dogmas se nutren de ellas, las fosilizan! ¡Cuántas tradiciones equívocas se vuelven intocables¡ ¡Cuánto autoritarismo algunas encierran¡ ¡Cuánto miedo, otras¡

 La literatura promueve un uso extrañado del lenguaje, la famosa “ostranemie” a la que se referían los formalistas rusos. El lenguaje se vuelve objeto ideológico, se lo puede moldear, acariciar, crear con él.  La invención no conoce de límites, más que los que la propia cultura le impone. La palabra se vuelve liberación, se vuelve acto creativo, se transforma en emoción estética. La pregunta sería entonces: ¿qué ocurre hoy con la “emoción estética”? 

La palabra sujetada. Los cánones han definido lugares en el arte desde siempre. Pero, ¿quiénes, hoy, tienen derecho a la palabra? La institución escolar define los lugares de circulación de la palabra, también delinea quién debe hablar y quién no, sobre qué (esto ya fue harto demostrado por Bourdieu). La lengua instrumental somete a la palabra creadora, la aprisiona hasta convertirla en pura formalidad. Aquel primer contacto con la palabra que el niño aprende en el Jardín, se va perdiendo y la palabra comienza a ser “palabra autorizada”, “palabra de otro”, “palabra impuesta”, “palabra dada”. Las políticas neoliberales han intentado estrangular a las palabras.

Sujeto a la palabra. Así, el espacio de circulación restringe el universo discursivo. Así, el emisor especula sobre las palabras que debe decir –por supuesto, si tiene un nivel de escolaridad estandarizado-. Así, el sujeto se desdibuja en palabras que planearon otros. Así, surgen palabras apelotonadas y palabras agujereadas; son palabras que no nos pertenecen más que como mera repetición de un estado de cosas. Así, repetimos frases como “algo habrán hecho” o “a mí nunca me molestaron”. Así, como Pilatos, nos desentendemos de nuestras palabras.

Un lugar de singularidad. Poder decir, poder decir de modo literario… cuánta exigencia. Ideológicamente, los talleres literarios funcionan como un espacio donde la palabra circula de manera democrática, donde no hay figuras de autoridad, donde el pensamiento se aglutina y se convierte en texto propio, en voz propia. El estilo marca esa singularidad. Pero para que la palabra realmente circule, es necesario que socave los límites del taller, que crezca. Que las Instituciones Educativas fomenten la palabra creadora (por ejemplo, modificando los programas de enseñanza y dividiendo la llamada “Lengua Instrumental” de la “Literatura”, para poder respetar la especificidad del objeto estudiado). ¿Necesitaremos un “mayo francés” para liberar a las palabras?

Sujeto de la palabra. Palabra propia. Voz autónoma. Instancia creadora. La creatividad deviene derecho indispensable del hombre. La creatividad se estimula, se propone, se delinea en políticas educativas, sociales. Alguien que puede decir con y en su propio lenguaje, que puede traspasar fronteras, que puede reclamar derechos, que puede gritar de alegría o de furia, que puede crear desde el lugar más horrendo, que puede pensar a futuro. Alguien que es sujeto de su propia palabra.  Propongo que tomemos la palabra.