UNIVERSOS DE CREACIÓN (algunos apuntes sobre arte)


Toda teoría científica se derrama en los discursos culturales. Hoy una inestabilidad, casi apocalíptica ha pasado del entorno de algunos dogmas religiosos a la certeza de que una catástrofe de magnitudes inconmensurables es siempre factible. Uno tiene la terrible impresión de no poder asimilar la magnitud de eso. Y entonces, nuestro contexto parece viscoso.

Una teoría cosmológica, nos habla de la existencia de millones de universos, de los cuales el nuestro sería uno. Por medio de fórmulas, matemáticos y físicos, llegan a una conclusión: este universo sería una gota de agua en una masa de universos en movimiento. La ciencia, suele ser paradigmática  en el pensamiento de una época. 

Como correlato, esta blandura de piso, tiene fórmulas sociológicas. Sociedad líquida, universo líquido, vacuidad, sujetos trasparentes. Nada sólido o fijo: semblantes, cuerpos, espacios repartidos. Una  óptica vidriosa de  lo cotidiano, una imagen ajena y difícil de digerir, sobre el tiempo,el otro o los otros. 

Puedo reflejarme, o cambiar de canal, de pensamiento, pero no puedo, perder de vista lo esencial.

Opto por correrme de lugar y ese mundo caótico calla y vuelvo a la solidez del silencio que me aloja otra vez en mi contexto inmediato y personal. Hice un espacio, detuve la vorágine un momento,  balbuceo, canto, tiemblo. En este temblor, intervengo. Me corro de lo excesivo del mundo y lo  interpelo. Una voz, un ritmo distinto para encarnar otra cosa. 

1) Hay en este gesto, una suerte de punto de unión entre la inmensidad y la inmediatez, entre lo mucho y lo poco, entre lo leve y lo estable, en esta manera de condensar, de recortar, situar y contrarrestar el despliegue inusitado de longitudes, de cantidades abisales que no terminan de multiplicarse: creatividad por acumulación. Infinitos números a medir que ya no necesitan de autores-icono. Un invisible tramado pluricelular, que asume la nueva textura. Una infinita cantidad de actores gracias a quienes el exceso exterior tiene nuevos síntomas, o los de siempre. La proliferación de intervenciones,  de intervinientes parece ser un alivio. Para cada uno la intervención en lo abisal se transforma en situación de esclarecimiento y diálogo. 

2) El arte es la mejor vía para cuestionar,  porque abre diques y provoca otras búsquedas de sentido. El arte y lo sagrado, el arte y la política, el arte y la filosofía, que son vías convenientes para la reflexión de prácticas que van de lo particular a lo contemporáneo, también tiene capacidad para intervenir en los discursos de la ciencia. El ejercicio del arte y su dialéctica, una teoría que nos ayuda a vivir juntos.  El arte es construcción de  autonomía de cada uno en su singularidad y la creación, es el nacimiento de algo nuevo que se distribuye. 

3) En la transformación del material, un saber hacer, saber mirar, saber clavar la época en la realidad humana: una acción de enfoque. 

4) El vacío  y la masificación, ceden a la obra de arte un espacio de significación porque es una acción inversamente proporcional a las formas masivas de comunicación. El arte, surge como respuesta a la práctica invasiva de los excesos. La comunicación masiva, es una lavativa absurda, que se repite y no se plasma en un recorte singular, en un objetivo posible. El arte realiza algo ahí donde algo no existe. Y, lo hace siempre, en una elección de contexto. Una vuelta más que precisa de un movimiento extra, para agitar, para conspirar contra la realidad.  Esta conspiración tiene el aval de una ética surgida de la obra. 

5)El arte crea nuevos universos: Ya no en el hábito surgido en el renacimiento, en la relación maestro,  artesano, aprendiz, sino en el lazo de diversas actividades,  que dan una marcha fortalecida y acuerdan legitimidad de formas únicas y diversas. Y esto es lo propio del tiempo que nos toca vivir. Nombres, miles de nombres que retoman el sentido de lo que está y no es de este mundo. Lecturas, vivencias, ideas, estrategias, artilugios, reflexiones, rezan en espera. Crecen en gravedad hasta el aluvión narrativo, o sea, hasta que el escrito, que está preso, se libera.

 ¿Qué es lo que genera esto?  En todos los casos, se trata de la represión en un plano profundo y de la resistencia  al acto de escribir. Cuando el oficio se  logra, el autor, juega con estos tiempos y se erige en el movimiento mismo de la escritura.

Así, novela, cuento, ensayo lo que fuere, son el producto de ese momento preparatorio. O momento revelador de  las variables de apertura al escrito y  liberación del estilo. Logrado el arranque, surge la posibilidad de verificación del desplazamiento de la realidad, a esa realidad que aún no existe y que se va a establecer en el mundo simbólico. Trabajo hecho sobre la plena imaginación para descubrir algo de lo real que en ella hace signo. 

Esto es el laboratorio de la palabra, aquello que anticipa el texto por venir. 

6) Más acá de la pulsión por escribir, está la vocación literaria que tiene características particulares.

El texto se prepara, se reconoce de otra forma. El tiempo de espera del escrito, el proceso de elaboración. Borradores, notaciones, señales, vectores, esquemas que no llegan a ser el escrito, pero que son esenciales para su logro y forman parte del saber qué hacer con la escritura. Se trata del material en el que se trabajan los núcleos que traban la creación escrita, o que cierran  la fluidez del texto literario.

Escribir requiere de ese laboratorio que no es de muestreos sino de conclusiones, no de pruebas sino de obra y  forma parte de la asunción de aquello que viene de las prerrogativas de la lengua. Lo hecho en este proceso es causa de liberación y ejercicio de continuidad. El laboratorio de la palabra, no se afilia en absoluto al rigor de una experimentación positivista. Por el contrario, es la expresión de una actividad que pone en escena la magia, el retorno de sus efectos de verdad – escritura mediante- y el escaparate fallido de la razón como obstáculo.

7) Incomoda no escribir, el autor se aplica al ejercicio de una continuidad, esto es oficio porque en la insistencia, reconoce que si no escribe pierde la posibilidad de confirmar, de descubrir una precisión…. Tales cosas, no son una generalidad, pero la búsqueda se basa en algo que hace ruido en la existencia, eso es a partir de la lectura, de lo que otros escriben en nosotros. Un experimentar dónde el cuerpo refunda estrategias vitales venidas de otra parte, de un lugar que nos antecede.No es la memoria, ni la búsqueda de discursos abolidos o la lectura de quienes tuvieron este oficio en tiempos pasado. Se trata más bien de lo que se planta furiosamente en nuestro esquema, más allá de todo lo que se lea o escriba y que es efecto de alguna etnicidad marcada, inscrita visceralmente en el autor. Hay un plano, hecho de rasgos y de recorridos ancestrales que se escenifican secretamente y se involucran con el estilo, con la poesía.  No es la escritura que se duplica por efecto de lo inconsciente, sino otra multiplicación que no se atiene al análisis de sentido, ni a los movimientos. Experiencia descifrada por muchos escritores, sin mayor detenimiento, casi como una licencia, porque no es fácil, reconocer, que hay algo que la escritura puede desnudar como  existencia de discursos, cercenados, que vienen de tiempos ancestrales y que se encuentran alojados en nuestro cuerpo. Relatos que el que escribe, libera,  e identifica. 

8) La elección del curso que sigue un escrito es arbitraria, pero el relato secreto sino encuentra su destino en lo real de un soporte, sigue desplazando su obturación por una vía que sino hereditaria o genética, se encuentra atrapada en una particularidad que hace lazo en la cultura.

9) La experiencia me hace considerar la clínica del psicoanálisis como una actividad que abarca un campo menor a  la escritura.  Más allá, de lo que un análisis puede hacer surgir de la palabra y del soporte que ha brindado para la comprensión del texto literario; hay cuestiones que se superan en el plano social y cultural. No obstante, el descubrimiento freudiano toca la actividad literaria de tal forma que le  otorga a la literatura, un plus de posibilidades teóricas, como así también la literatura lo hace con respecto a la clínica.

10) En contrapartida a este plus teórico de la literatura con respecto a la clínica del psicoanálisis, hay que decir que la teoría psicoanalítica es (además de los avatares históricos que hicieron que su descubrimiento quede en el campo de la psicología), una base necesaria.  No solo para la crítica literaria, sino también para la eficacia de todos aquellos elementos que hacen a la consumación de una obra. Y lo es, porque da cuenta de  “lo que la palabra hace en el cuerpo”, que, sería para la literatura, “aquello que  la escritura hace a la vocación literaria”.

Si tomamos la novela como una pregunta del yo, en los procesos de adaptación cultural, es más fácil comprender la vocación literaria. Que no es la intención del autor, sino su cuestión. Esa cuestión que adviene a su producción de formas diversas y no estrictamente conscientes. Tal como el movimiento que se da a partir de los personajes, en un medio hipotético, de acuerdo a su posición en las consecutivas escenas.

 Así, por un lado tenemos la “vocación literaria” ligada a las resistencias, por otro lado lo referido a esos discursos secretos, a los que podríamos entender como “tradición física”, cargada de elementos generalmente reprimidos e increados...

Estamos, en el ombligo de la Cosa, no en el borde. El desafío es situar los mecanismos que suceden entre la piel parlante de los discursos secretos por un lado y la puesta en acto  de un movimiento por el otro.

11) En este lugar, el escritor construye una “autarquía” que tiene efectos de legitimación, supone un saber intenso sobre una Ley subjetiva, a partir de sus fallas y los bordes de la ruptura.

12) La obra está en un lugar privilegiado. La obra es el prodigio. No como pensando la muerte del autor, ni su recapitulación o resignificación. Tampoco se trata del autor en la obra, sino de una posición en apariencia más ingenua: el autor como médium, concepto que transporto hacia el presente, de la época medieval, con la idea del escritor como medio operatorio, ya no de la fe, o del dogma, sino de una incisión en el destino social.

13) Poner en causa,  punto de inicio y potencia de lanzamiento, para aproximarse al trazo de un recorrido. Poner en causa, devolver al camino lo que esta fuera, lo que desborda o aquello que, sencillamente, se apartó de la trama del mundo. Puesta en causa, como funcionamiento de la escritura en sus fluidos, diques y efectos.

 Pienso en Joyce, en la caricatura desdeñosa de su figura. Del trazo que soporta la agitación de una raza que no ha sido nombrada. De las voces que supuran entre la filigrana del escrito y el erotismo de un cuerpo, una red linfática liberando de si al gigante Dublín. Un recorrido geográfico que abarca toda la historia.

14) La puesta en causa, requiere de un preludio, algo de la realidad que testimonia que hay una arteria por la que la escritura debe avanzar y que permite algún desvío legitimado por el regreso a su referencia. La primera se mueve en el campo de la “tradición física”, la segunda en el de la “vocación literaria”. La lectura de una o de la otra requiere de distinta intensidad. La cantidad de material puede ser mayor o menor, pero ambas están en juego, en forma consciente o inconsciente y la letra lo muestra su continuo.

15) El mito, del universo que se deshace, el de la fragilidad del hombre actual, el de su forma líquida y para decirlo en el campo de la letra, el de la locuela literaria; cae, cuando el oficio de la escritura, nos impone, la fuerza del trabajo y la potencia de la creación.