V LA COCINA DEL HUMOR RECETAS – COLORES – SABORES - HUMOR CON BANDERA

 

A)HUMOR JUDÍO

El humor judío puede pintarse de diversos colores, pero globalmente podríamos calificarlo de costumbrista, porque ironiza sobre la forma de ser de las personas y la idiosincrasia del pueblo judío. Freud decía: No creo que existan muchas otras instancias de gente haciendo humor en un grado semejante acerca de su propio carácter.  El rasgo principal del humorista judío es que se ríe de sí mismo y no del otro, estableciendo así una fuerte complicidad con el receptor, que se descubre los mismos defectos satirizados por el emisor. Woody Allen suele representarse peyorativamente en sus personajes, cf. el Harvey Bidnick del cuento Querida niñera (en Pura anarquía): […] un pequeño protón que habla por los codos y se cree muy divertido, pero duerme a los invitados con sus continuos chistes, que ya no se consideraban graciosos ni entre los humoristas judíos de los años cincuenta.

Esta capacidad de reírse de sí mismos se basaría según Gabriela Acher en una posición filosófica ante la vida: al separarnos de nuestro yo habitual tomamos conciencia de que el mundo con sus miserias no es más que un juego con mucho de ridículo, inflado por nuestros egos; Acher considera que aquí está el verdadero secreto de la supervivencia ; para ella el humor más alto que se puede ejercer es el humor sobre uno mismo.

Alejandro Jodorowsky encuentra una estrecha relación entre la filosofía y la risa: Ese misterioso Verbo del principio que nos indica el Evangelio, es una carcajada divina […]L a Conciencia Cósmica […] es eminentemente cómica. (Donde mejor canta un pájaro)

Entrevistado por Inés Grimland (en Conversaciones con gente de palabra), Eliahu Toker manifiesta que el humor fue una forma de resistencia, de defensa espiritual de los judíos en tiempos del nazismo. Circulaban frases como El enemigo tiene la última bala, pero nosotros la última palabra y Donde termina el humor, empieza el campo de concentración. Y para Silvia Plager, el humor es al judío lo que la coraza al soldado (Al mal sexo buena cara). 

Según Toker el humor más profundo tiene que ver con situaciones traumáticas, de ahí la tendencia al humor negro; una expresión idish lo llama “lajnmit iajcherkes”, literalmente “reírse con lagartos”, una risa amarga que, sin embargo, es como el oxígeno cuando falta el aire. Toker cita una canción de Rikle Gezer, titulada La risa judía, que circulaba en el gueto de Vilna: La risa judía encierra mucha tristeza /[…]riamos / mientras tengamos aliento /[…]ahoguemos el dolor dentro de nosotros /[…]mientras aguardamos el tiempo / en que podamos reírnos de veras / desde el fondo mismo del pecho.

Me referiré aquí a dos escenas muy ilustrativas de este tipo de humor:

-el regreso “triunfal” del soldado Harvey Blatz en Los delirios del rabino Lux de Mark Mirsky: La camilla se cae y Harvey se desliza  al suelo. En el mar de aplausos lo pierden como a un resto de naufragio y la ambulancia pasa sobre sus quebradizos huesos quebrándolos, pretzels bajo sus ruedas;

-la violación y el asesinato  de las tres cantoras a manos de los bandidos borrachos, escena narrada con los más crueles pormenores, en Donde mejor canta un pájaro de Alejandro Jodorowsky.

¿Desarrollaron los judíos una vocación de sufrimiento? Así lo afirma la mame de Gabriela Acher: La felicidad es un invento de los goim.  Un judío es alguien que sufre demasiado para ser feliz. (ASM) Y en El amor en tiempos del colesterol: Mi mamá me había mandado imprimir una remera que decía:“Sufro. Soy judía”.

En la novela mencionada de Mark Mirsky campea un pesimismo risueño que invoca la sabiduría ancestral y los libros sagrados. Pero la indulgencia ante las debilidades humanas no excluye ironías rayanas en el sarcasmo, como: Dios sólo existe en el reconocimiento de los estudiosos o Las áureas palabras van teniendo menos demanda. Y si bien no se discuten la ley ni la tradición, se presentan a veces situaciones extremas que las ridiculizan, v.gr. Judith Lux dormida un viernes a la noche en la sinagoga y transportada a pulso a su casa – a quince cuadras de allí – porque en shabat no se puede viajar.

Si naciste judío, a tu pueblo, para bien o para mal, estarás uncido, dice uno de los refranes repertoriados por Silvia Plager en MSBC. El humor judío ironiza  sobre estas características insoslayables de la raza: 

•miedo, culpa, duda, desconfianza: tan presentes en los filmes de Woody Allen y que los llevan a ser “carne de diván” (la neurosis fue la dolencia más habitual entre los judíos de Occidente durante el siglo XX ).

•talento, visión para los negocios: saben aprovechar la oportunidad y nunca pierden de vista el beneficio. En el Manual sexual del Profesor Veisaj Bus (S. Plager, MSBC) se aprovecha para publicitar diversas instituciones dirigidas por familiares de dicho profesional, como el Club Deportivo y Recreativo Veisaj Bus, el Club de la Cuarta Edad “Abraham ríe”, la Escuela para Impotentes, la Alta Casa de Ejercicios Espirituales y Corporales, el Erotic Shop para Nostálgicos, los Salones de Belleza Veisaj Bus, las Grabaciones Veisaj Bus, etc., etc…Y uno de los refranes judíos del mismo libro reza: En el país de los ciegos, el tuerto judío vende bastones. Este amor de la ganancia es el que inspira el proverbio Puesto que pecas, por lo menos chúpate los bigotes.

•afición por el esfuerzo intelectual, el razonamiento y la lógica, que se lleva a veces hasta sus últimas consecuencias. -¿Y si fuera a ver al rabí Borujl? La verdad es que los criados se guardan la carne y sólo me tiran los huesos. La carne es mejor que los huesos, pero los huesos son mejor que el aire. Iré a ver al rabí.- así delibera consigo mismo el hambriento Hérshele en Shabes- nájamu, el cuento de Isaac Bábel . 

•talento sofístico: hecha la ley, hecha la trampa. Por ejemplo, en la novela de Mirsky, hablando de Ytzjok Meladnik – un ladrón de cajas de caudales – se presenta su delito como motivo de orgullo y recurso útil contra la discriminación racial: Fue un placer para nuestra comunidad de Dorchester ver que por lo menos  una cara judía se equiparaba con los pesados italianos e irlandeses de la ciudad; otro miembro de la comunidad, Lefkowitz, es secretario de la Congregación Beth Rachmoniss y muy respetado, porque estuvo preso por evasión de impuestos, delito que se considera “intelectual” y sólo puede ser cometido por “una persona de cerebro”. Y el Profesor Veisaj Bus dictamina en su Manual sexual: Si la esposa en las ollas su felicidad encontrare, es deber del marido recordarle que la que únicamente cumpliere con culinarias proezas, merece ser coronada no sólo como eximia cocinera. (S. Plager, MSBC)

•afán de superación: Para una familia judía no hay como la placa de bronce en la puerta, el diploma en la pared y la distinción que significa anteponer al apellido un doctor o ingeniero o arquitecto o profesor, dice en su capítulo Profesionales el citado Manual .Y la obsesión con el yerno médico forma parte del estereotipo de la idishe mame.

•tendencia a formular preguntas retóricas: se podría hablar de una “tradición del interrogante”. Para responder a una pregunta judía, nada mejor que otra pregunta, dice uno de los refranes de Plager. Según Toker y otros en op. cit. la costumbre se habría iniciado con el mismo Caín quien respondió ¿Acaso soy el guardián de mi hermano? a la pregunta divina ¿Dónde está tu hermano Abel? Y la idishe mame no se priva de apabullar a los que la rodean con una retahila de interrogantes que no esperan respuesta: ¿Había derecho a que su marido, si al mediodía había comido caldo de pollo, a la noche pretendiera sopa de verdura? ¿Había derecho a que su nuera le echara en cara que a los chicos los cuidaba la otra abuela porque ella estaba muy gorda y no podía alzarlos? ¿Había derecho a que su yerno se negara a alquilar un chalet en el country al que iba toda la familia?, etc., etc. (S. Plager, op.cit.). Otro ejemplo, del cuento Calistenia, urticaria, montaje final (en Pura anarquía de Woody Allen): Le encanta sacar la bobina de la lata y rascar la emulsión con una navaja.¿Por qué? ¿Lo sé yo acaso?

•xenofobia: es proverbial la resistencia de los judíos a unirse en matrimonio con personas de otra raza, cf. los refranes de Plager: Dime si andas con una “goie” y te diré cuándo tu madre “moire” / Más vale candidato judío pobre en mano que “goi” millonario volando / Al que nace “goi” es al ñudo que le hagan el “brit milá”  . Y en ASM de Gabriela Acher la mame no puede creer que Mónica Lewinsky – una chica judía – haya tenido relaciones indecentes con Bill Clinton, ¡seguramente es adoptada!

Uno de los temas clave del humor judío es la idishe mame; el estereotipo de la mamele es inseparable de la literatura humorística judía. He aquí sus atributos:

•sobreprotectora: ¿No entendés que vas a seguir siendo mi bebé hasta los cien años, que me desespero si no sé de vos? (G.Acher, ASM)

•castradora: según Acher  una madre judía le reprocharía a Picasso ¿Cuándo vas a pintar algo que se entienda?, y a Benjamín Franklin ¿Todo el tiempo jugando con esa estúpida cometa? ¡Entrá inmediatamente y ponete a hacer los deberes! (op.cit.)

•alarmista: - […]estoy ocupado, mamá, sabés que estamos preparando el diseño de un nuevo cohete. / - ¿Y si explota? / - No va a explotar…/ - ¿Y si te rebajan el sueldo? / No, mamá, no te preocupes por eso…(de un show de la televisión norteamericana protagonizado por Mike Nichols y Elaine May, reproducido por G.Acher en op.cit.). Mensaje que le deja la madre a su hija sorprendida en el acto de masturbarse: Reflexioná, Alicia, antes de que sea demasiado tarde, sobre las perturbaciones y las enfermedades incurables que podés provocarte con tu conducta […]Leé y aprendé de memoria las partes que te señalé en el libro del  doctor Otero y después, si querés ir matándote lentamente y matarme también a mí con tu conducta, seguí como hasta ahora. (Alicia Steimberg, Músicos y relojeros)

•culposa y creadora de culpa: en el capítulo Las mil caras de una idishe mame de MSBC, Plager nos habla de aquella que hace llamadas telefónicas para recriminar a sus parientes que nadie se acuerda de ella  mientras ella se acuerda de todos, y de las que pagan los colegios más caros para tener un argumento de queja cuando los hijos se nieguen a seguir una carrera universitaria. Y Acher pone en boca de su madre la siguiente afirmación: Los judíos no necesitamos a un cura porque tenemos la culpa. La culpa es el confesionario de los judíos […] con la culpa nos castigamos solos […] hasta ahora en la larga historia de nuestro pueblo, la culpa no se saltó ninguna generación. Es la manera que tiene Dios de decirnos “Escuchá a tu madre”. (ASM) […]Mi vida es un sacrificio constante para brindar a mis hijos todo lo que necesitan. Lo que hago lo hago por ustedes, ya que mi vida está arruinada para siempre – dice otro de los mensajes que la mamele suele dejar en Músicos y relojeros de Steimberg. 

•quejosa: la queja es una especie de gimnasia cotidiana para la idishe mame, y si no tiene motivos para quejarse, se queja igual; se junta con las amigas para suspirar y lamentarse, el oi vei no se le cae de la boca y, como dice Plager, lleva la encuesta de los “ tzures” para demostrar que ella va primera en el ranking;  en boca de idishe mame entran “najes”  y vuelan quejas, cf. el diálogo de las dos madres judías en la antesala del ginecólogo (MSBC). Le gusta victimizarse y es enemiga acérrima de la diversión, como la madre de Gabriela Acher: - Pero, mamá, no seas así,¿cómo no vas a tener ganas de divertirte? ¿Qué preferís? ¿Estar deprimida?/ - Sí, prefiero la depresión./ - ¿Por qué?/ - Porque dura más. (ASM)

•competitiva: pretende ser perfecta y que su familia – sobre todo los hijos – lo sean también; se adjudica el mérito de los logros de sus hijos y culpa a los demás si fracasan. Según Plager (op.cit.) a una madre judía le gustaría llevar en la cartera la prueba irrefutable de que su familia es la más bella, la más adinerada, la más inteligente y brillante…etc., etc. Se vanagloria de que sus hijos no lloren nunca porque ella sabe criarlos (A.Steimberg, Músicos y relojeros). Paralelamente es una campeona del doble mensaje: los hijos son perfectos para afuera e imperfectos adentro. Cuenta Acher que, cuando le comunicó a su madre que se dedicaría a la actuación, ella le dijo: Primero terminá la carrera, así vas a tener algo  con qué defenderte cuando fracases como actriz; y que, al reclamarle por esta falta de confianza y estímulo, ella le contestó que una madre que no humilla a su hija es porque no la quiere (ASM). Lo que nos lleva a otra característica de la idishe mame:

•eternamente insatisfecha, rasgo que Acher (op.cit.) ejemplifica con dos cuentitos:

- el de la Virgen María, a quien una amiga felicita por la suerte que tuvo con su hijo – el Mesías – y ella contesta: - ¿Yo?... ¡Si yo quería que fuera médico!

- el de la madre que ve a su hijito arrastrado por una ola enorme y le hace a Dios      

toda clase de promesas para que se lo salve; pero, cuando otra ola le devuelve al      niño sano y salvo, exclama mirando al cielo: - ¿Y el gorrito?  

•extorsionadora: Si a un marido judío le gustan los chiches raros en la cama, hay que poner las cosas claras desde el primer día. ¿Vale lo mismo un modelo de alta costura que uno de confección ordinaria?[…] al enterarse del engaño chantajea al marido y se alegra por el acontecimiento que le ha permitido acrecentar la caja de ahorro de los hijos. […] Vos no te pelées, callate la boca  y usá la tarjeta de crédito, eso les duele más que los gritos. (S. Plager, MSBC, cap. Una mujer judía habla de sexo con la hija antes de la boda). Y Acher narra un episodio protagonizado por su madre y el verdulero: - Mire, Pocho, yo nó me siento bien (así, con acento en la ó), y usted me tiene que rebajar el precio de estos limones porque nó tengo más energía para seguir discutiendo con usted, no sé qué me pasa pero me canso mucho y me quedo sin aire, yo pensé que era algo de la presión pero no sé si no será nervioso, ¿a usted qué le parece? Sí, ya sé, que no me tengo que hacer mala sangre, pero cómo voy a hacer si yo nó me siento bien y usted nó me quiere rebajar los limones…[…] 

            Lléveselos, señora, deme lo que quiera, o no me dé nada, se los regalo, pero    váyase, por favor. (ASM)

•embuchadora: una idishe mame expresa el amor por su familia alimentándola y no tolera que dejen comida en el plato, cf. los refranes de Plager (MSBC): Si a tu mamele quieres bien, cómetelo todo aunque mueras después. / El que le rechaza a una madre judía el alimento, no es sensible ante el sufrimiento.

•controladora, dominante: no encuentra shikse  que le venga bien y puede llegar al extremo de preferir que el hijo está preso para tenerlo más controlado, como la señora Blatz en Los delirios del rabino Lux de Mark Mirsky; otro ejemplo del mismo libro es la posesiva Judith que tenía hambre del rabí, de su alma, de cada cosa de él, e iba a buscarlo a la sinagoga cuando tardaba unos minutos en regresar al hogar.

•parcial: aprueba todo lo que puede reportar ventajas a los suyos, como la que celebra que el yerno le haya brindado a su hija una casa fabulosa, un anillo de brillantes, un tapado de visón, viajes por todo el mundo… pero ve mal que la nuera le pida lo mismo a su hijo (G.Acher, ASM).

•ignorante en cuestiones de sexo: La madre judía en temas sexuales es como el soldado Chamamé en temas culturales, dice Plager; para las casadas la relación sexual es sólo el paso previo (e inevitable) a la procreación: Una mujer judía decente se acuesta para tener hijos sanos, lindos y profesionales […] debe saber poco y nada de sexo. Yo no sabía nada y tuve cuatro hijos perfectos.(del capítulo Consejos sexuales de una idishe mame a su hijo, en MSBC de S. Plager). Y cuando Acher le pregunta a su madre por qué nunca le habló de sexo, ella le contesta con una paradoja: No sé nada sobre sexo porque siempre estuve casada. (ASM)

El humor judío suele presentar a las mujeres en general como histéricas, propensas a los ataques de nervios, desbordadas, conventilleras, chismosas, amantes de las escenas, inseguras e interesadas. ¿Machismo bíblico?

 

B)HUMOR  INGLÉS

Según el escritor español Pío Baroja (1872-1956), el humorismo tiene su manifestación más acabada y completa en Inglaterra y la capital del humorismo es Londres. Los vocablos “humour” y “humorist” son reivindicados, en efecto, por  los británicos. Habrían adquirido su sentido actual en la Inglaterra isabelina (s.XVI), sentido que derivó de los humores fisiológicos, teoría antigua según la cual el temperamento individual dependía del predominio en el cuerpo de uno de los cuatro humores: sangre, flema, bilis y atrabilis; dicha particularidad constitucional debía originar individuos sanguíneos, flemáticos, coléricos y melancólicos.

La época isabelina dio libre curso a originalidades y caprichos, y la afectación estuvo de moda alrededor de 1600. Fue el dramaturgo Ben Jonson (1572 o 1573- 1637) quien comenzó a satirizar estas tendencias en su comedia Every  man in his humour (1598), que presenta una serie de personajes bizarros, cada uno con la manía, el tic o la excentricidad que lo caracteriza, en un friso grotesco – aunque bastante realista – del Londres de aquellos tiempos. En el prefacio de dicha obra Jonson nos da una de las primeras definiciones del humor: Cuando una cualidad particular se adueña de un hombre al punto  de constreñir a todos sus sentimientos, facultades y energías a tomar una misma dirección, eso se puede llamar humor.

En otra comedia, Every man out of his humour, este autor exagera la extravagancia de los personajes, cuyos vicios y ridículos son juzgados sin piedad y con una actitud moralizante. Pero en Epiceno decide ser simplemente divertido y hacer reír a toda clase de público: el protagonista, un solterón neurasténico, no puede soportar los ruidos y ha hecho insonorizar su casa con materiales ad hoc; este excéntrico, que apenas tolera el sonido de su propia voz, es engañado por su entorno  y se casa con una joven supuestamente silenciosa, pero que resulta gritona y bochinchera.

En esa época la palabra “wit” (= ingenio) se asocia  a “humour”, al punto que la  expresión  “wit and humour” deviene frase hecha y el tándem se instala como una especialidad británica – con todo lo que comporta  de originalidad de caracteres y maneras, de irreductible individualidad, de resistencia a la nivelación de las ideas, sentimientos y manifestaciones que rigen la vida social –, se impone en la conversación y pasa a la literatura.

Cuando la querella de Antiguos y Modernos, el humor es reivindicado como privilegio de los nuevos tiempos.

William Temple (1628-1699) afirma que es propio de la lengua inglesa y por eso mismo difícil de traducir: Tenemos más humor porque cada uno sigue el suyo y se complace y hasta se enorgullece de mostrarlo. 

El siglo XVII ve el apogeo de la sátira, bajo la influencia de los clásicos (Persio, Horacio y Juvenal). Inspirada en Inglaterra por las luchas políticas o como reacción contra el puritanismo, la sátira crea formas nuevas o renueva las tradicionales. Un exponente del espíritu satírico de la época es el poema heroicómico de Samuel Butler (1612- 1680), Hudibrás, donde – a imitación de Cervantes – salen en busca de aventuras un caballero, sir Hudibras, y su escudero Ralpho; estos personajes caricaturescos, dueños de una erudición abstrusa que exponen de manera incongruente en pedantes controversias, le sirven al autor no sólo para satirizar la afectación puritana, su falsa moral y su jerigonza bíblica, sino también para criticar a la sociedad, a la ciencia y al hombre en general. Maestro del humor por su empleo de la ironía y el sarcasmo, Butler poseyó como Rabelais una lengua sabrosa y fértil en juegos de palabras. Pero su pesimismo, su amargura intelectual, su burla corrosiva anunciaban en muchos aspectos la obra de Jonathan Swift (1667-1745), considerado el más grande de los satíricos de lengua inglesa.

En el siglo XVIII aparecen  obras humorísticas muy originales que desdeñan los cánones literarios y atentan contra los hábitos de composición y escritura. El ejemplo más relevante es Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy de Laurence Sterne (obra a la que ya me he referido al tratar la transgresión de los cánones literarios). No es a mí a quien pueden proponerle la obediencia a las reglas. Jamás. No es el escritor quien debe seguirlas, sino ellas las que deben someterse a su genio. ¡Pobre de aquél que se convierte en su esclavo! Resulta frío, pesado, arduo, y con la obra más escrupulosamente regular duerme a sus lectores.¡Lejos de mí esas trabas somníferas! – dice el narrador de esta novela. Por otra parte, presenta una galería de personajes extravagantes en la que merecen destacarse: Mr. Shandy padre con su pedantesca manía de razonar aun sobre los temas más inadecuados – como el nacimiento de Tristram, el accidente de la ventana-guillotina o la muerte del hijo mayor – y su pretensión de innovar formulando tesis o teorías absurdas; el tío Tobías – hombre de una excesiva ingenuidad en lo tocante al sexo femenino – que todo lo relaciona con su pasado militar y hace reproducir en el jardín el escenario de las batallas en que participó; el asistente Trim cuya manía es Tobías, a quien secunda en todo y que siempre está buscando elementos para reconstruir los escenarios militares con que sueña su superior; el narrador, el propio Tristram, que parece haber heredado el carácter excéntrico de sus parientes, pues – aparte de su exótico nombre y de su físico singularizado por la casi ausencia de nariz y  el pene circuncidado sin ser de origen hebreo – viaja para escaparle a la muerte y afirma que es una cuestión de velocidad.

Manías y ridiculeces que caracterizan fuertemente a los personajes, de modo que es lo primero que se nos viene a la mente cuando tratamos de describirlos, cf. el detective Poirot de Agatha Christie y su obsesión por la simetría, que lo lleva a desterrar las líneas curvas en su entorno y a lamentar que los huevos no sean cuadrados. Este humor basado en la extravagancia difiere del “esprit” francés, cuya médula es el ingenio que se manifiesta sobre todo en la conversación, a través de la réplica aguda y brillante. Modalidad que podemos apreciar en las comedias de Oscar Wilde (1854- 1900), prolíficas en frases chispeantes, paradojas y “boutades” que inmortalizaron el estilo del autor, v.gr.: La diferencia entre una gran pasión y un capricho, es que el capricho dura más o La vida es demasiado importante para hablar en serio de ella.

Fue con una obra humorística, Papeles póstumos  del Club Pickwick, que Charles Dickens (1812-1870) se consagró como escritor. En la tradición de Sterne por su ironía benévola, este autor no se priva en ocasiones de comentarios sarcásticos (porque no es necesario en modo alguno que una muchedumbre conozca la finalidad de  sus aclamaciones) ni de burlarse sutilmente de ciertas debilidades, como ser la malevolencia femenina hacia las congéneres (cap. 4), la necedad de los sirvientes que tratan de emular a sus amos (cf. la “soirée” de los criados en el cap. 37) o la manía inglesa de los clubes. Abundan en esta novela los personajes excéntricos como el mismo Mr.Pickwick, que resulta ridículo al comienzo y va conquistando la simpatía del lector con el correr de las páginas hasta volverse querible; Mr.Winkle, que posa de gran deportista sin haber practicado ningún deporte; Sam Weller con su hábito de asociar sus frases – de manera pertinente o no – a las pronunciadas por otras personas ([…] ahora ya estamos arreglados, como dijo el padre después de cortarle la cabeza a su hijo, para curarle de su estrabismo.); los flamantes médicos Ben Allen y Bob Sawyer;  Mrs.Leo Hunter y sus almuerzos públicos; el fullero Mr.Jingle con su discurso entrecortado y su asistente Job Trotter con sus lágrimas de cocodrilo; etc. Hay pasajes que aúnan fuerza satírica y comicidad, v.gr. las elecciones en Eatanswill, el quiproquo entre Mr.Pickwick que pregunta si puede contratar un sirviente y su patrona, la viuda Bardell, que lo toma por una propuesta de matrimonio, el almuerzo ofrecido por Mrs.Leo Hunter a supuestas celebridades, etc.

También aquí la imagen de la mujer es poco halagüeña: interesadas, marrulleras, coquetas, falsas, necias, vanidosas, dominantes, histéricas… Sólo se salvan  algunas muy jóvenes y bonitas, indispensables para los episodios románticos. He aquí una muestra del machismo dickensiano: No sabríamos decir si fue la catadura de Mr.Pickwick, o el modo que tuvo de conducirse, o la viva tentación irresistible para todo cerebro femenino de oír la revelación de un misterio inquietante, lo que se impuso a la fracción más razonable del establecimiento (que no pasaría de cuatro mujeres).

¿El género femenino da más tela para cortar? ¿Tenemos más defectos satirizables? En primer lugar, toda una tradición avala, desde la antigüedad, este maltrato literario. Platón (s.IV a.C.) dudaba de incluir a las mujeres en la categoría de los animales racionales y el humanista Erasmo de Rotterdam (1469- 1536) decía por boca de la Locura: Si por ventura alguna mujer quisiera ser juiciosa, únicamente lograría ser dos veces loca. Sería como llevar un buey al gimnasio […] la mujer es siempre mujer, esto es, loca, aunque se ponga una máscara (Elogio de la Locura). Por otra parte, en siglos pasados los escritores – y sobre todo los humoristas – pertenecían casi exclusivamente al sexo masculino, las mujeres no tenían voz ni voto en la esfera pública. Recién en las postrimerías del siglo XIX se atrevieron a protestar contra toda índole de malos tratos y tardaron todavía en devolver la pelota.

Un notable exponente del humor británico en el siglo XX  es P.G.Wodehouse (1881-1975), quien – al igual que Sterne y Dickens – pasea una mirada benévola, comprensiva y divertida sobre las flaquezas y los ridículos de sus connacionales. Creador de personajes desbordantes de simpatía pese a sus rarezas, este autor nos hace reír con escenas desopilantes, como la aparición de Tubby y Adrian envueltos en una pequeña bandera del Reino Unido y en un trozo de bolsa, respectivamente, después que lady Abbot les arroja la ropa al Támesis mientras están nadando y previa pelea por la posesión de esos trapos para cubrir sus vergüenzas (Luna de verano).

Un ejemplo de típico humor inglés: Por primera vez en su vida, no se apreciaba en su actitud la serenidad marmórea que hacía que los que eran presentados a aquella digna señora pensaran que habían entablado  conocimiento con un monumento nacional. Si la sugerencia que vamos a hacer no cayese de lleno en los dominios del absurdo, diríamos que lady Abbot estaba algo excitada. (Luna de verano)