• Inicio
  • Crítica
  • Humor
  • IV LA COCINA DEL HUMOR RECETAS – COLORES – SABORES - ALGUNOS TIPOS DE HUMOR

IV LA COCINA DEL HUMOR RECETAS – COLORES – SABORES - ALGUNOS TIPOS DE HUMOR

HUMOR  CON  COLOR

El  humor negro se apoya en elementos tristes o desagradables (la muerte, el dolor, la discapacidad, la violencia, la vejez…) transformándolos y degradándolos en irrisión, con la intención de hacerlos más soportables o, simplemente, de provocar al lector.

El humor blanco es benévolo, sin amargura, no pretende modificar la realidad, acepta y retrata con una sonrisa los defectos humanos.

El humor verde en Argentina y colorado en otros países, explota lo que puede tener de divertido el sexo y sus implicancias, utilizando a menudo un lenguaje que antaño se consideraba vulgar, obsceno, y que hoy encontramos en todas las bocas.

El humor absurdo, delirante, que pintaremos de amarillo, un color solar, porque se despega de toda lógica terrestre para lanzarse al espacio como un Ícaro.  

A) HUMOR  NEGRO

Enemigo jurado del sentimentalismo, este tipo de humor supone una suspensión del juicio moral y de la emotividad, y requiere – según André Breton (1896-1966) – una disposición excepcional para violar tanto las consignas del mundo exterior como aquellas, más temibles, del mundo interior. Se practica  con la frialdad del anatomista haciendo una disección. Jugar con el mal, la muerte, las convenciones  puede ser una manera de escapar a la angustia que nos provoca lo absurdo y lo incomprensible; sin embargo, algunos de sus cultores sucumbieron a la locura (Swift), la droga (De Quincey), el alcohol (Jarry), o se suicidaron (Akutagawa, Vaché, Roussel), como consumidos por este tentador veneno, por esta llama helada.

El humor negro no perdona nada y fue por atentar al orden moral establecido que el gobierno de Vichy – durante la ocupación alemana en Francia – secuestró la primera edición de la Antología del humor negro de André Breton, publicada en 1939.

A Jonathan Swift se lo considera el verdadero iniciador de esta modalidad del humor con su Modesta proposición para impedir que los hijos de los irlandeses sean una carga para sus padres y su país, y para volverlos útiles a la sociedad. Partiendo de la más cruda realidad de la época y basándose exclusivamente en la razón, el autor enumera las ventajas económicas que representa su proyecto de poner en el mercado la carne de los párvulos de las clases bajas. ¿Era Swift un sádico avant la lettre? De ninguna manera. Llevando la crueldad y la insensibilidad al extremo de lo inhumano, nos hace ver lo injusto de la organización social imperante en su país.

Otra es la intención  del marqués de Sade (1740-1814), pero lo excesivo, lo feroz de las escenas que describe y de las teorías que pretenden demostrar la naturaleza irredimiblemente perversa del ser humano, hace que caigan en el humor negro. Cf. el banquete antropófago en el castillo de Minski (Julieta): “[…]las repugnancias son absurdas: nacen únicamente de la falta de hábito; todas las carnes están hechas para sustentar al hombre, todas nos son ofrecidas a tal fin por la naturaleza y no es más extraordinario comer un ser humano que un pollo”. Diciendo esto, mi esposo clavó el tenedor en un cuarto de muchacho que le pareció muy bien aderezado y, habiéndose servido por lo menos dos libras, las devoró. Yo lo imité.

Entre los kappas del cuento homónimo de Ryonosuke Akutagawa (1892-1927) es normal  matar a los obreros despedidos de las fábricas y  comer su carne; ante el horror del forastero, uno de los personajes le explica: Este mes despidieron a 64.769 obreros, de manera que de acuerdo con esa cifra ha bajado el precio de la carne.[…] Tenemos la “Ley de Matanzas de Obreros”. […]  Después de todo, el estado le ahorra al obrero la molestia de morir de hambre o de suicidarse. Se les hace oler un poco de gas venenoso, y de esta manera no sufren mucho.[…] Dígame, ¿acaso en su país las mujeres de la clase baja no se convierten en prostitutas? Es puro sentimentalismo eso de indignarse por la costumbre de comer la carne de los obreros .

Uno de los temas favoritos del humor negro es la muerte y su parafernalia. Al burlarse, el humorista desacraliza lo que más nos angustia. Jugar con la maldad, con la muerte, puede resultar una manera de anular sus efectos y de reubicar lo incomprensible, una manera de someter a leyes del juego a esos fantasmas de nuestros insomnios, sugiere Eduardo Stilman en su nota preliminar a la antología de textos de humor negro arriba citada, que se publicó en 1967.

Tristram Shandy le escapa a la muerte  que lo persigue, haciendo turismo por Europa y piensa que ganarle es una cuestión de velocidad  (Sterne, op.cit.). Petrus Borel (1809-1859) imagina cómo festejan los funebreros el día de Todos los Muertos (El funebrero). Joris Karl Huysmans (1848-1907) propone la fabricación de extractos de los muertos queridos para que su perfume active el recuerdo: Por la mañana la madre sacó respetuosamente del secreter de caoba Imperio con cerradura en forma de trébol, el frasco de tapón esmerilado que contiene el precioso líquido extraído de las vísceras descompuestas del abuelo. Con un cuentagotas, ella misma instiló en la crema unas lágrimas de ese perfume, a fin de aromatizarla.(En rada)

Alfred Jarry (1873-1906) nos provoca con la crueldad irresponsable de su personaje Ubu, que proclama: […] no soñamos más que en desangrar, despellejar, asesinar; descerebramos todos los domingos públicamente en una colina de los suburbios con  calesita y vendedores de golosinas (Ubu encadenado), y más chocante aún para  muchos en aquella época habrá sido el Via Crucis visto como una carrera pedestre en subida (Especulaciones).

Los cultores del humor negro suelen complacerse asimismo en desafiar las leyes y las normas que rigen la vida en sociedad, cf. Del asesinato considerado como una de las bellas artes de Thomas de Quincey (1784-1859); La debutante de Leonora Carrington, donde una hiena toma el lugar de la joven presentada en sociedad, después de asesinar a la mucama y arrancarle el rostro para confeccionarse una máscara humana; El matador de cisnes, relato de Villiers de l’Isle-Adam (1840-1889) que describe cómo Tribulat Bonhomet – arquetipo de su siglo y campeón del sentido común – se las ingenia para matar a los cisnes de un estanque a fin de gozar de su último canto. Digna de mencionarse igualmente la matanza acaecida para proteger a Dios en su visita a la Tierra, que nos describe el español Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) en su novela La “tournée” de Dios (que, por otra parte, puede considerarse en su integridad como una obra maestra del humor negro).

Es legendario y estereotípico el encarnizamiento de este tipo de humor con las mujeres: desde la antigüedad campea el machismo más aberrante. En  la comedia de Aristófanes Los Acarnienses, dos muchachas de Mégara – donde se sufre una gran hambruna – consienten en ser vendidas como cerdas para poder comer, y el mercader suplica al dios Hermes – protector del comercio – que le permita hacer el mismo pingüe negocio con su mujer y su madre. En la Farsa de la cuba (anónimo medieval francés), una esposa tiránica cae por accidente en la gran tina donde se remoja  la ropa sucia y el marido se niega  a sacarla porque ese trabajo no está  en la lista de tareas que ella le asignó. En su novela Julieta el marqués de Sade pone a las mujeres al nivel de los animales domésticos, con una diferencia: estos últimos pueden merecer cierta indulgencia cuando son agradables y sumisos, mientras que las otras sólo merecen el rigor por ser siempre falsas, traidoras y pérfidas; los muebles del rico Minski están constituídos por grupos de muchachas artísticamente dispuestas, y a la objeción de su invitado que alega lo fatigante del rol de las que forman la mesa, si la comida se prolonga, Minski responde: Cuando mucho reventarían algunas, pero esas pérdidas se reponen tan fácilmente que no vale la pena ocuparse de ello ni un instante.

Jonathan Swift cuenta en sus Opúsculos humorísticos: En Windsor le hacía observar a milord Bolingbroke que la torre donde se alojaban las damas de honor (en esa época muy bellas) era muy frecuentada por los cuervos. Milord respondió que esto ocurría porque dichas aves olían la carroña.

En La caverna del humorismo Pío Baroja (1872-1956) asegura que las mujeres no sienten el humorismo […] lo femenino es siempre serio […] rechazan la risa y, sobre todo, el humor.

Sin embargo, en los últimos tiempos, no faltan mujeres que devuelven la pelota, condimentando con una dosis de negrura sus sátiras de los varones, como hicieron en nuestro país Silvia Itkin con sus métodos para vengarnos de hombres odiados (Clasificados vengadores, en Quiero vengarme de ti) y Gabriela Acher con su personaje, la doctora Diu.

Algunos escritores reivindican la legitimidad del placer sádico que procura el humor negro. Jacques Rigaut (1899-1929) afirmaba: No hay mérito en burlarse de la bondad, de la caridad. El recurso cómico más seguro es privar a la gente de su vidita, sin motivo, por diversión. Los niños no se engañan y saben apreciar el placer de patear un hormiguero o de aplastar dos moscas que están fornicando. Durante la guerra lancé una granada dentro de un refugio donde dos camaradas se preparaban para salir con un permiso. ¡Y qué risa al ver la cara de mi amante – que esperaba una caricia – cuando la golpeé con mi puño americano y vi caer su cuerpo unos pasos más allá! ¡Y qué espectáculo esa gente que luchaba por salir del Gaumont Palace, después que le prendí fuego!

Hoy nos resulta difícil concebir que ciertas obras cómicas del teatro medieval francés pudieran ser representadas como intermedio en dramas religiosos y que al público le resultaran divertidas farsas como El muchacho y el ciego (anónimo del siglo  XIII), donde el lazarillo contratado por un ciego se burla cruelmente del  minusválido que confió en él y lo hace víctima de perversas jugarretas.

Son de un humor muy negro ciertas venganzas del Panurgo de Rabelais, como las que lleva a cabo contra la dama de París (Pantagruel, cap. 22) y contra el mercader de ovejas Dindenault (El cuarto libro, cap. 8)

Charles Baudelaire (1821-1867) – para quien la risa es de filiación satánica, por ser fruto del orgullo – incluía este tipo de humor en su concepción del dandismo: un dandy debía provocar la desaprobación a su paso, darse el placer aristocrático de chocar al público; consideraba que la mezcla de lo grotesco y lo trágico agrada al espíritu como las disonancias a los oídos estragados. Son célebres sus “boutades” en lugares públicos: ¿No te parece como a mí  que el cerebro de los niños pequeños debe tener un regusto de avellana? (a su amigo Nadar) / Después de asesinar a mi pobre padre […] (gritando en un restorán). En su relato El vidriero ineficiente, el narrador le destroza  al obrero su carga de vidrios por pura maldad y aburrimiento, y termina diciendo: Estas bromas nerviosas no dejan de ser peligrosas y a menudo se pagan caro. Pero, ¿qué le importa la condena eterna a quien encontró en un segundo el infinito del placer?

La obra de Boris Vian  abunda en pinceladas negras , v.gr.: Los muertos, poco numerosos, entraron fácilmente en el tacho de basura (Vercoquin y el plancton), o el poema Les mers de Chine (en Cantilenas en gelatina), dedicado a Simone de Beauvoir: Habría que desgarrarlas./ Explorarlas en profundidad con hojas de afeitar./ Cortarles la boca en tiras./ […]Habría que cavar en ellas, vaciarlas / De esa maldad de vida que llevan / […]Hay que aplastarlas con mazas de hierro fundido,/ Mezclar la sangre y los huesos, / Luego hacer cubitos / Y venderlos / Envueltos en papel amarillo y chocolate.

La escritora argentina Ana María Shua declara : Me gusta muchísimo el humor negro, es el que nos ayuda a sobrevivir, permite soportar las tragedias más terribles […] Y del grotesco, te diría que me interesa también mucho, es llevar algunas situaciones al límite de lo absurdo para sacudir, para provocar. En su novela Soy paciente proliferan  las escenas de humor negro, favorecidas por la coyuntura hospitalaria: un practicante le explica al paciente que las manchas de sangre de su bata son de un cerdo  operado a corazón abierto que no resistió la intervención y que están preparando al asador, y se saca del bolsillo una bolsa que contiene el hígado sangriento del animal, futuro paté al coñac confeccionado por su madre; en el quirófano, mientras el anestesista prepara la inyección de pentotal, uno de los cirujanos ejercita su bisturí sobre el cadáver de una rata; un conflicto existente entre la jefa de enfermeras y la doctora Sánchez Ortiz repercute en los enfermos, y la primera es capaz de matarle uno a la segunda, nada más que para hacerla rabiar: Si la doctora ordena, por ejemplo, que le den a alguien dos inyecciones por día, la enfermera jefe se las arregla para transmitir la orden a varias enfermeras en forma simultánea. En lugar de dos inyecciones, el paciente recibe cuatro o seis. Así algunas dosis se multiplican, otras se reducen y ciertos medicamentos nunca se administran. Hay pacientes que beben líquidos que deberían recibir por enema y otros reciben jarabes por vía rectal. Se inyecta merthiolate y se desinfectan heridas con compuestos de calcio.

Según Martín Hopenhayn la mirada irónica – Shua habla de una “mirada al sesgo” – sirve para desenmascarar  las estructuras de poder, poniendo en evidencia el fondo arbitrario en que se basan y la violencia escondida entre los pliegues de sus leyes: La humana torpeza de ese sujeto mediocre y pequeño nos revela la inhumana destreza del que lo somete y humilla. La autora “se sintoniza” con la desproporción del poder y la exageración literaria es como un eco de la automitificación de ese poder, que necesita para afirmarse de la involución del individuo. El distanciamiento que supone el humor, el desapego de la escritora respecto de los personajes, esa fría lucidez con que aborda las situaciones más patéticas, aumenta la eficacia de la crítica implícita en su obra. Y por encima de todo, el humor negro es aquí una manera de contrarrestar el absurdo y la crueldad de nuestra condición humana.

Osvaldo Soriano (1943- 1997) suele parodiar la novela negra, su obra abunda en escenas  joco-siniestras, v.gr.: […] habían volado la lancha del comisario Villar en el Tigre. El jefe de las Tres A y su mujer iban a bordo y tuvieron que juntar los pedazos con una red de pescar mojarritas. (La hora sin sombra) 

El periodista y escritor uruguayo Omar Prego Gadea ironizó con mucha causticidad sobre la política y las instituciones de su país en textos como La última esperanza, Método infalible, El pozo asesino o Viaje al Fondo M.I. Algunos ejemplos no exentos de negrura: - Quiero ser diputado […] - ¿No quiere una forma de delincuencia más rendidora? – gimió de nuevo ahogado por otro envión de risa. // M.P.Jones hizo un guiño picaresco: - De acuerdo con mis cálculos, la corrupción total del país será su salvación. Vender el alma, rifar el corazón – citó el sabio con admirable erudición. (En este país)