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III LA COCINA DEL HUMOR - RECETAS - COLORES - SABORES - LOS PROCEDIMIENTOS DEL HUMOR

Aunque no haya punto de comparación entre la obra de un Rabelais y la de un Sterne, por ejemplo, sí se puede encontrar similitud en cuanto a las técnicas empleadas para provocar la risa o la sonrisa de los lectores. El humor es en esencia transgresor y la transgresión se da fundamentalmente en tres planos:

-las proporciones

-la lógica, la verdad

-las normas 

A.- Para falsear las proporciones el humor recurre a la hipérbole o exageración, procedimiento análogo al del caricaturista, que agranda los rasgos distintivos de una persona para hacer evidente lo que nuestra mirada – generalmente superficial – no registra, o lo que el automatismo de nuestra visión no percibe. Pregúntenle a cualquiera de qué color son los ojos de un amigo al que no ve todos los días: es difícil que pueda responder con exactitud, a menos que se trate de alguien excepcionalmente observador. Porque percibimos los rasgos dentro de un conjunto y cuando, por un cambio de perspectiva, se desproporciona uno de ellos volviéndolo grotesco, en esa deformación aparece lo que pasaba desapercibido. ¿Recuerdan aquel famoso soneto de don Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645), titulado A una nariz?

Érase un hombre a una nariz pegado,

Érase una nariz superlativa,

Érase una nariz sayón y escriba,

Érase un peje espada muy barbado.

[…]

Érase un naricísimo infinito,

Muchísima nariz, nariz tan fiera

Que en la cara de Anás fuera delito.

Exagerando el tamaño de dicho apéndice al referirse a una conocida actriz, la escritora argentina Ana von Rebeur comenta que todo el mundo la trataba de impuntual, porque ella siempre llegaba a todas partes un minuto después que su nariz (Los hombres vienen flojos, cap. La suerte de las narigonas).

Y en Historia de la vida del Buscón, llamado Don Pablos – de Quevedo – dice  el narrador, refiriéndose a la hambruna que había pasado en casa del licenciado Cabra: […] echáronnos en dos camas con mucho tiento, porque no se nos desparramasen los huesos, de puro roídos de el hambre. Trujeron exploradores que nos buscasen los ojos por toda la cara y a mí […] en buen rato no me los hallaron.

Luciano de Samosata (s. II d.C.) cuenta en sus Historias verdaderas  que la nave en que navegaban sufrió el embate de la tempestad durante setenta y nueve días.

El satírico Juvenal (s.I-II d.C.) da la pauta de la vanidad de las romanas ricas de su época al decir: […]se fricciona con aquella leche por la cual incluiría asnas en su cortejo, incluso si la mandaran desterrada al Polo Hiperbóreo (Sátira VI).  Y así fustiga el cholulismo de sus contemporáneos: He aquí lo primero que observa un litigante: si tienes ocho esclavos, diez acompañantes, si te sigue una litera y si a tus pies hay gente togada (Sátira VII).

Otro escritor romano, Petronio (s.I d.C.), autor del Satiricón, exagera la verborragia femenina: Aunque ante las oleadas de palabras de las mujeres hayan de callar los abogados y se queden mudos los maestros de gramática, aunque el profesor de retórica guarde silencio y el pregonero apague su voz, la sátira y sólo ella impone un freno a sus furores (fragmento Fulgentius Mythologiarum I).

Ironizando también sobre la naturaleza femenina, el argentino Eduardo Wilde (1844-1913) habla de aquella sublime curiosidad que conservan todas las mujeres, desde la edad de tres meses hasta la de ciento cincuenta años.(Tiempo perdido)

En la segunda parte de Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift (1667-1745) encontramos: Le enseñé un callo que había cortado con mis propias manos de un dedo del pie de una dama de honor; era más o menos del tamaño de una reineta de Kent y se había puesto tan duro que cuando volví a Inglaterra mandé que me lo vaciaran en forma de copa y lo engastaran en plata.

Charles Dickens (1812-1870) da una idea clara de la morosidad de la justicia y de las chicanas de abogados y procuradores en la Inglaterra victoriana cuando habla de un interminable proceso incoado sobre el hecho de que un individuo, fallecido cosa de un siglo antes, había interceptado un paso que conducía a un lugar del que nadie había venido a otro al que nadie había necesitado ir. (Papeles póstumos del Club Pickwick )

Un ejemplo extraído de la novela Soy paciente de la escritora argentina Ana María Shua: […]que hoy un bomboncito y mañana una sopa inglesa con moscato pasado un licorcito de cerezas después un vermú con ingredientes al otro día un vasito de whisky más adelante una botella de ginebra y el día menos pensado me encuentra robando alcohol en la farmacia, que el camino de la degradación no se sabe dónde empieza.

Para dar cuenta cabal del carácter absorbente de la esposa del rabino, Mark Mirsky escribe: […] ella insistió que estaba enferma y que él tenía que pasar veinticuatro horas por día o más junto a su lecho (Los delirios del rabino Lux); y Lewis Carroll (1832-1898), describiendo el terror del Sombrerero interrogado por los Reyes: […] el desdichado Sombrerero tembló de tal modo que los zapatos se le salieron de los pies (Alicia en el país de las maravillas).Otro escritor inglés, P.G.Wodehouse (1881-1975), compara la mirada de Jane Abbot – cuando ve a Joe dibujándole bigotes a la estatua de Catón – con  la mirada de los cocodrilos descripta en un relato de aventuras africanas: […] aquella enérgica descripción del poco amigable y un tanto escalofriante modo de mirar de los cocodrilos, apenas serviría para dar una idea remota de la mirada que Jane Abbot dirigió a Joe Vanringham (Luna de verano).

Exagerando las conocidas características de la torta galesa, nos dice Roberto Fontanarrosa (1944-2007): La provisión de resistente torta galesa aguarda en el pañol, destinada a ser usada como munición de guerra desde los cañones del navío. (Comandante Andino: un objetivo inexplicable, en Una lección de vida ). Y del mismo autor: El mapa […] volvió a cerrarse como un molusco atrapando en su abrazo al coronel. (Los especialistas, en Nada del otro mundo ). Esa criatura encantadora y angelical que viene a tu encuentro […] es el mismo que acelerará en los últimos tramos de su carrera convirtiendo la dura corteza de su cráneo en un proyectil misilístico para incrustártelo en la sensitiva área de tus genitales. (Nadie, nunca, me pegó tanto como mi hijo, en El mayor de mis defectos ).

Son también formas de exageración:

- el gigantismo de los personajes, cf. Gargantúa y Pantagruel en la obra de François Rabelais (1483-1553), los habitantes de Brobdingnag en Los viajes de Gulliver   de Swift o los de la Luna en el Viaje a la Luna de Cyrano de Bergerac (1619-1655); y el procedimiento contrario, la enanización o minimización, cf. el país de Liliput en VG. Jugando con las proporciones, Swift nos muestra la realidad de la Inglaterra de su tiempo, su política, su ciencia y su ideología, como así también la de la civilización europea y la de la especie humana en general: el primer viaje nos propone una visión telescópica, el segundo una microscópica, el tercero un espejo deformante y el cuarto un mundo invertido.

- la maximización de hechos comunes y su contrario, la minimización de lo extraordinario, v.gr.: el proceso normal de envejecimiento presentado como una anormalidad en El cuento fantástico (No sé si he sido claro ); la existencia de inteligencia y poderes paranormales en un ladrillo considerados como algo banal en  La señora de Pelourinho (NSHC); los muchachos que vuelven de un partido de fútbol no dan ninguna importancia a los extraterrestres que se presentan en una parrilla de la ruta Santa Fe-Rosario (Un hecho curioso, en NOM); la madre se enoja porque la hija puede resfriarse a causa de sus pies mojados por caminar sobre el agua (Caminar sobre el agua, en Te digo más ); todos cuentos de Fontanarrosa. Es un procedimiento que también solía emplear Conrado Nalé Roxlo (1898-1971) en sus relatos humorísticos.

-  las  largas listas de autoridades – a menudo apócrifas – para avalar un concepto o  una teoría, al estilo de Rabelais y Sterne.

-  las  enumeraciones, como el repertorio de niños prodigio escritores, que culmina con el que escribió una obra ¡el día de su nacimiento!, en Vida y opiniones de Tristram Shandy  de Laurence Sterne (1713-1768);

•el catálogo de títulos de la biblioteca de Saint-Victor en el Pantagruel de François Rabelais (1483-1553);

•la enumeración del contenido de los bolsillos de Gulliver requisados por los liliputienses; de los terrores de los laputanos; de los remedios  que deberían administrarse a los senadores; de las diversas maneras de ganarse la vida en Inglaterra, etc. (Swift, VG); 

•el repertorio de sombreros que debe poseer una mujer para estar siempre a la moda en la Buenos Aires de fines del siglo XIX  (Eduardo Wilde, Tiempo perdido);                                

•la lista de las palabras preferidas de Simbad Geigy en La décima pista de Leo Maslíah.

•la sarta de consecuencias que pueden acarrearles a las mujeres los orgasmos fingidos, en El amor en los tiempos del colesterol  de Gabriela Acher.

-  la acumulación de epítetos para describir algo, al modo de Rabelais cuando define el amor o en su célebre letanía que enumera las especies de boludo. Encontramos un eco de esta última en la novela La guaracha del Macho Camacho del portorriqueño Luis Sánchez: güevos prudentísimos, güevos venerables, güevos laudables, güevos poderosos, güevos honorables, güevos de insigne devoción, güevos que amparan y protegen.

-  la sobrecarga de especificaciones o superabundancia de detalles inútiles, cf.: [El documento] consideraba la unificación de clavijas para ruedas traseras de pequeños vehículos destinados a transportar materiales de construcción, de dimensiones inferiores a 17.30.15 cm. Y no susceptibles de constituir un peligro notable al momento de su manutención. Boris Vian (1920-1959), Vercoquin y el plancton;

•del cuento Matar al mensajero de Fontanarrosa: Cayo Sempronio, hijo de Argólida y Sempronio I el Adulto, nieto de Terencio Emilio, hermano de Trasimeno y Pánfilo el Ilota, sobrino de Alcibíades y Elenita, amigo cercano de Publio Escipión, cliente asiduo de Cátulo y paciente ocasional del sabio Pisístrato de Rodas (en TDM);

•de la novela Ositos de Maslíah: […] le pegó un papel donde podía leerse “enseguida vuelvo”, en caracteres tipo La Gaceta Newels Romain Barthes O.J. Simpson.

•de Arturo Cancela (1892-1957), Historia funambulesca del profesor Landormy: Autor de un estudio comparativo sobre 274 formas diversas de ánforas, cálices, vinajeras, ollas, garrafas, velicómenes, alabastros, escalfadores, alcuzas, vasijas, marmitas, cantimploras y lebrillos,[…] Y también: […] les sirvió una frugal merienda o refrigerio o colación o tentempié o refección o piscolabis.

•de Leandro Devecchi, PreTextos: A los trece años cayó de lo alto de un acantilado, provocándose la fractura de: la clavícula, el esternón, 27 costillas, un fémur, 5 falanges, 2 falangetas, la jeta, el radio, el minicomponente y la doble casetera, el húmero, la tibia y la caliente, el coxis, el omóplato, 5 vértebras, el dedo meñique del pie derecho, etc.

-  la precisión burlesca, la cuantificación de lo que no se puede medir, la exactitud en cálculos aproximativos, como las 1.000.014 millas de largo que los astrónomos laputanos presumen para la cola del cometa Halley en el momento de su reaparición (Swift, VG, tercera parte); o los 7.928 hombres que custodian la fortaleza de Massada (Comandante Andino: un objetivo inexplicable, en LV) y los 4.387 aguijones de avispas quitados del cuerpo de un caballero francés (El cazador blanco, en NOM), según Fontanarrosa; o en Soy paciente de Shua: - Contá hasta 10 y estoy de vuelta – prometió. Conté hasta 15.828 y ni noticias. Seguí contando un rato para hacerle notar su retraso con cifras exactas, pero al final me dí por vencido. (aquí se superpone otro recurso humorístico: la reducción del sentido figurado al sentido propio); en Ositos de Maslíah:  [Fiubela] era casi un 20% más bella que cualquier mujer cuya belleza fuera el promedio de las bellezas de Selma y de la vendedora; y en Don Abdel Zalim de Jorge Asís encontramos a un señor sumamente polaco y una viejita exageradamente árabe. 

-  el lenguaje altisonante o científico y las reflexiones filosóficas refiriéndose a lo nimio, pedestre o cotidiano, v.gr.: la castaña caliente que cae en la bragueta de Phutatorius, el acto de silbar, el arte de caminar, en TS de Sterne; el simple hecho de atarse el cordón del zapato descripto como algo insólito en la obra de teatro La cantante calva de Eugène Ionesco (1909-1994).

Podemos incluir en este procedimiento ciertos discursos paródicos, como:

•el de la comedia Las Nubes de Aristófanes (s.V a.C.) cuando imita el estilo ampuloso de los poetas ditirámbicos, “charlatanes de vaciedades sublimes”: ¿Por eso cantan en sus versos el ímpetu veloz de las húmedas Nubes que lanzan deslumbradores relámpagos, los cabellos erizados de Tifón, el de las cien cabezas, y las tempestades furiosas como aves de rapiña que vuelan por el  éter, nadando por el aire y los torrentes de lluvia que derraman las Nubes; o cuando imita el estilo de Eurípides, en Los Acarnienses;

•la Batracomiomaquia (= Guerra de las ranas y los ratones), atribuida a Homero (s. IX a. C.) y que es una parodia de la Ilíada;

•el poema El pupitre, donde Nicolas Boileau (1636-1711) también emplea humorísticamente el estilo épico, para narrar las peripecias de una lucha entre dos clérigos por la ubicación de un pupitre en la iglesia;

•el lenguaje náutico empleado por Swift al comienzo de la segunda parte de VG;

•el arrebato poético de  Lautréamont (1846-1870) invocando al piojo, en Los cantos de Maldoror;

•la lección de historia inglesa que imparte el Ratón con tono profesoral en Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll;

•la jerga médica empleada por el estudiante Baldomero Tapioca en una carta de amor, en Prometeo y Cía. de Eduardo Wilde;

•la rimbombante oratoria del Dr. Aristóbulo Izquierdo, “verbo augusto de la democracia americana” y del embajador salvadoreño, en Historia funambulesca del profesor Landormy de Arturo Cancela.

•Fontanarrosa suele basarse en la idiosincrasia de un pueblo para terminar en parodia al exagerar esos rasgos característicos, cf.: La clave nipona, en NSHC; Cartas para Annie, en NOM; Informe de Beirut, en NOM: [Hafez el Taoune] uno de los tantos empleados burocráticos a quienes la creencia musulmana les ha hecho rechazar todo uso de tinta estilográfica azul en sus lapiceras.

-las perífrasis o circunloquios, por ejemplo:

•[…] aquel  perversísimo Artemón, en cuyas axilas se esconden chivos apestados (Aristófanes, Los Acarnienses);

•[…] tu cabeza huera y sin cerebro tiempo ha que reclama una ventosa ( Juvenal, Sátira XIV);

•[…] a su pobre mamá se le iban a quedar definitivamente vacíos los aposentos del cerebro (E.Wilde, Tiempo perdido);

•Reanudó las actividades enjugatorias de su noble frente (Wodehouse, Luna de verano); 

•[…]a Pellerano se le declaró el corazón en huelga (Cancela, op.cit.)

•Es un mazacote denso, de alto peso específico y escasa porosidad, refiriéndose a un puré de sémola (Shua, Soy paciente);

•[…]la excesividad del frío la causifica la cheverosidad de nuestro acondicionante de aires (Sánchez, op.cit.)

- el desarrollo desproporcionado y las discusiones bizantinas sobre cuestiones irrelevantes, que obedecen a esa tendencia – ya satirizada por Aristófanes en Las Nubes – a “discutir sobre sutilezas, hablar del humo, contradecir y oponer argumentos contra argumentos”. Cf. los debates sobre: el matrimonio de Panurgo en Pantagruel de Rabelais; la legitimidad del nombre Tristram en TS de Sterne; el extremo por el que deben abrirse los huevos, discusión esta última que alude a las luchas entre católicos y protestantes en Inglaterra (Swift, VG). Sterne (op. cit.) dedica varias páginas a describir la actitud adoptada por el sirviente Trim para leer un sermón. Y Shua (op. cit.): - No sos capaz de distinguir un poroto de un zapallo [dijola Pochi]. Yo creo, sin embargo, que soy capaz de distinguirlos muy bien, porque el zapallo no me gusta y los porotos sí, pero me hacen mal. Por si fuera poco, el zapallo tiene un color anaranjado imposible de confundir. La comparación me pareció injusta.