¿POR QUÉ CINE?

La escritura inspirada en el cine es una buena forma de narrar nuestra  época. Los signos del lenguaje cinematográfico,  por su versatilidad y profusión, hacen del cine un elemento que renueva los recursos de la expresión literaria. Además por las características formales del guión en tiempo presente, designa futuro. 

El guión se escribe en presente, sucede en acto, señala un devenir.

Un siglo de cine hizo historia, no solamente por acumulación fílmica, sino también como inscripción del nuevo lenguaje en la vida de la cultura. A estas marcas en lo cotidiano se agregaron técnicas más participativas, que quebraron el hábito de la pasividad del espectador y  posibilitaron  nuevas formas de lectura de la realidad.

La narrativa del siglo XIX, lo que “había sido” del tiempo novelesco; puede hoy formularse en presente y entonces, se ubica como sustrato del futuro: “lo que es investiga acerca de lo que será" . Esta modificación del tiempo narrativo, cambia notablemente la posición con la que nos atenemos a recibir el cine o la obra literaria.   Quiero decir, que no es lo mismo desplegar y situar el enigma en el presente, que en la retrospección.

En primer lugar, no es igual porque no existe la escena previa o frase muda, alrededor de la cual - como sucede por ejemplo en los policiales, con el homicidio- se desarrolle la dosificación de una verdad que es en su totalidad, solamente conocida por el autor. No se trata de pensar un asesinato y luego ir dando al lector las pistas hasta su resolución.  Sino de mostrar un presente dónde lo enigmático pasa desapercibido, porque el enigma es el sentido de unidad que cada lector intenta lograr y que para el autor, tiene la cualidad de un hilo a veces prácticamente invisible con el cual se sostienen las escenas o fragmentos sin orden aparente y sin un lazo fuerte entre sí.

La relación horizontal del guión con todas las ramas de la expresión artística, también modifica la preparación del texto. Pensada como guión, la escritura apunta a una cuestión de estilo esencial a la época, involucrando al autor en la construcción de una forma aguda y precisa. Así se incluyen hoy en la obra literaria elementos de funciones propias del guión.

Preguntarse acerca de si el futuro es hoy, tiene en sí la sorpresa de posibles finales de esa narrativa del devenir. La escritura que ya no está signada por el pasado, se juega  en fragmentos atados a un lazo,  que si bien, como señalé anteriormente llega a ser prácticamente invisible,  le imprime unicidad. Y esto pasa, tanto cuando la obra literaria toma recursos del guión; como cuando el cine realiza una versión, parcial o total, de una obra literaria. 

No se trata de adaptar de un lenguaje a otro, es decir de traducir del lenguaje literario al cinematográfico una obra, sino de entrar en diálogo con signos de todo orden y generar ya sea de una u otra parte, una versión.

Las relaciones entre  cine y  literatura,  potencian ambas formas de expresión. Por un lado porque el cine actualiza con la imagen, la narrativa de lo inmediato y por otra parte  porque la literatura brinda al cine, una resignificación narrativa de esa imagen poética de lo inmediato.

Y, cuando decimos que el futuro es hoy, la retrospectiva, aún aquella de los sentimientos nostálgicos y de los sueños inconclusos, tiene el condimento del absurdo, la ironía y la comicidad. Los tiempos cambian de una manera tan abrupta, tan vertiginosa, que lo que deseábamos ayer hoy es intramitable en los mismos términos. Esto hace que atenerse al tiempo presente en la escritura,  sea una forma de atrapar el dibujo que tomaron los  sueños y utopías del imaginario social de las generaciones, o capturando lo vivencial en imágenes de discurso y acción.

No obstante, en el pasado, aunque sea fallido e irrisorio, hay agujeros negros por los cuales la densidad impele hacia algún tipo de solución. Es ahí dónde hay que ubicar la creatividad, hacer la lectura arqueológica del tema y si es posible la casuística de esos movimientos imaginarios que están perdidos por no tener expresión en el lenguaje. 

El cine es un arte, que tiene una tecnología, que reporta a la condición humana los discursos filosóficos de nuestro tiempo y como si todo esto fuera poco, manteniendo estos componentes, es pasible de masividad. Se encuentra en el ángulo exacto de la cuestión que pone en vilo la historia, al menos tal y como la hemos trabajado hasta hace un tiempo, por que tiene elementos sustanciales a su que hacer, tales como  el corte, el intervalo, la secuencia, el montaje, etc. Formas de tratamiento artístico, lingüístico, semiótico, filosófico, que sin saberlo remiten a los caminos que convienen para instituir la invención de lo actual, que ya no es construcción a futuro, sino futuro mismo que reconoce en el presente las herramientas fundamentales  para saltar de lo singular  a lo público, del relato intimista a la pertenencia de las multitudes.

Estas pautas nos llevan a formular una visión renovada de la literatura en vistas al cine y también a una revuelta poética del cine mismo.

La tecnología permite la apropiación de diversas herramientas, técnicas que pueden dialogar entre si y aportar a la creatividad, elementos que le dan un plus de originalidad. Entonces, hay un excedente de búsqueda de creatividad en el género. La invención puede lograrse como consecuencia de este plus creativo.

En esta perspectiva, pensar el guión como adaptación es reducir el potencial del género, porque la adaptación es versión que incluye el diálogo de formas y reflexiones múltiples.  

El derecho a la creatividad se instala de por sí, las nuevas tecnologías en el arte del cine transforman la realidad creativa en una forma inacabada del misterio,  nota oscura que permite la re – lectura, o re - apreciación  permanente de la obra.

El seguimiento estable y expectante de un film, está superado hoy por la posibilidad de lectura por escenas y momentos, debido al formato en CD. El trabajo entonces, requiere de instantes capaces de llamar al espectador activo a un tipo de “revisión fílmica”, y al mismo tiempo, aspirar a una visión de continuidad.  

El cine es un género  esencial,  mixto y amplio. La escritura del guión se ve acompañada de la escena, la imagen, la idea filosófica. Mimesis de la realidad, inclusive, que se puede presentar, por un lado con la mirada ética y estética en su máxima expresión y por el otro con la imaginación abierta, perforada hasta la invención.